El encargado de Negocios de EE.UU., Larry L. Memmott, lejos de alejar la sospecha sobre la operación encubierta llevada a cabo en mayo pasado por dos agentes DEA en la ciudad de Santa Cruz, lo que hace es abrir las puertas para conocer más detalles de la presencia de la CIA en Bolivia

por: Jaime Salvatierra / Especial para La Época

Al Encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos, le ha tocado jugar un papel lamentable y triste: desmentir lo imposible. El domingo 2 de junio, en una entrevista con el periódico Cambio, Larry L. Memmott, ha calificado de “fábulas” los dos reportajes que este autor publicó a través del semanario La Época para dar cuenta de una operación encubierta de los servicios secretos de los Estados Unidos para involucrar al viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, en actividades de narcotráfico, y afectar la imagen del presidente Evo Morales.

Los dos artículos publicados por La Época a los que el Jefe de la embajada de EE.UU. hace referencia son “La CIA conspira contra Evo”, del 19 de mayo (http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=2523), y “Los dos agentes DEA que regresaron a Bolivia”, publicado el domingo 26 de mayo (http://www.la-epoca.com.bo/index.php?opt=front&mod=detalle&id=2549)

Es verdad, como dice el alto funcionario estadounidense, que el autor de ambas notas no es un experto en temas de inteligencia, como aparentemente si lo es Memmott, quien conoce muy bien los nombres y las funciones de todas las agencias de inteligencia de su país. Pero este periodista especializado en investigación sí sabe que al Encargado de Negocios de la embajada EE.UU. en La Paz le ha tocado lidiar con esas agencias de inteligencia en Bolivia y en su misión anterior en la república de Kirguisa, desde donde los servicios secretos mantienen una actividad intensa de subversión contra países vecinos.

Es verdad que Memmott estuvo muy molesto los días en que La Época publicó los dos artículos que denunciaban el operativo encubierto. Pero lo hizo no solo por la publicación sino porque comprobó que la DEA y la CIA tenían varias operaciones a sus espaldas. Washington lo escuchó pero no le ofreció disculpas, y solo le dijeron que no le correspondía, por su rango, tener acceso a tales informaciones.

No se puede dejar de reconocer el altruismo y la disciplina de Memmott, quien está defendiendo lo que no supo y lo que no comparte, según se ha podido saber en los últimos días.

Tampoco se puede esperar que la embajada de los Estados Unidos y su gobierno acepten su responsabilidad en el tema denunciado a través de las páginas de La Época. Sería iluso pensar, pues se trata de una actividad ilegal que de reconocerla pondría al gobierno norteamericano en grandes figurillas. No hay que ser un especialista para constatar que el operativo encubierto denunciado será negado por las autoridades de ese país en todo momento, sobre todo luego que la DEA está prohibida de tener presencia en Bolivia después que fuera expulsada en 2008 por el presidente Evo Morales, quien comprobó que la agencia antidrogas fue empleada como fachada para hacer acciones de inteligencia contra el gobierno y el proceso boliviano, lo que más que justificó la posterior expulsión del entonces embajador Philip Golberg ese mismo año.

Pero además queda claro que los Estados Unidos nunca ha reconocido las operaciones encubiertas que han sido desarrolladas por agencias como la CIA, y mucho menos que la DEA y la NAS han sido empleadas como cobertura de dichas acciones y sus agentes. Eso EE.UU. no lo hizo antes y no lo reconocerá en ninguno de los casos.

Es una satisfacción leer en palabras del Encargado de Negocios, que Estados Unidos cambió su política hacia Bolivia. “Ni el Gobierno de EE.UU. ni la embajada de EE.UU. ni ninguna de sus reparticiones ha tenido ni tiene ni tendrá intención alguna para conspirar en contra del gobierno democráticamente electo del presidente Evo Morales”, sostiene textualmente Memmott al periódico Cambio.

Eso, si fuese verdad, sería altamente relevante pues significaría un cambio importante en la política exterior de EE.UU. hacia Bolivia. Las acciones de Philip Golberg, para solo citar al último embajador de ese país en Bolivia, no se sujetaron a ese principio aparentemente anti-injerencista y tampoco lo hicieron sus agencias de inteligencia.

A manera de refrescar la memoria

No es necesario ser un agente CIA para saber lo que está pasando o lo que se pretende hacer a través de estas acciones ilegales a partir de 2008 a la fecha. Pero, por si Mr. Memmott no se acuerda, hagamos una breve referencia a los hechos conspirativos que nacieron en la sede diplomática de los EE.UU. en los últimos seis años:

1. El presidente Evo Morales denunció en febrero de 2009 la presencia de un activo agente de la CIA, Rodrigo Carrasco, en la estatal Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) y su participación en la actividad ilegal que arrastró a Santos Ramírez.

2. La participación de la CIA en la planificación y conducción del movimiento separatista impulsada por dirigentes de la llamada “Media Luna”, cuyas acciones más fuertes se llevaron a cabo en 2008 y el primer semestre de 2009. El gobierno boliviano puso al descubierto la participación activa del embajador Golberg en esos planes.

3. En febrero de 2008, la “Unidad de investigación Rose” de ABC News puso al descubierto la actividad ilegal de funcionarios de la embajada de EE.UU. en Bolivia, quienes solicitaron a becarios Fullbrigth y voluntarios de Cuerpos de Paz a recopilar y sistematizar temas de interés de la CIA dentro de los programas del gobierno boliviano.

El escándalo se desató a partir de la denuncia del joven estudiante del programa Fullbrigth, John van Schaick, quien denunció que el entonces funcionario de seguridad (R.S.O.) de la embajada de Estados Unidos, Vincent Cooper, le pidió su cooperación para la búsqueda de información.

4. La detención de la ciudadana Donna Thi, en el aeropuerto de El Alto, cuando intentaba pasar 500 proyectiles calibre 45 (calibre de guerra) y que fue liberada por un juez poco tiempo después de forma nada clara.

5. La detención el 18 de marzo de 2012 de un auto de la embajada de EE.UU., con placa de misión internacional 27 MI 30, asignado a la NAS, cuando transportaba armas, municiones y equipo de comunicación desde el departamento del Beni rumbo ciudad de Santa Cruz. Este operativo contó con la participación del Jefe de policía del grupo de seguridad policial que brinda protección a la embajada norteamericana, el capitán Roger Iván Costas Heredia.

El oficial Costas Heredia actuaba a espaldas de la comandancia de la Policía a la que, según Memmott, se subordinan los policías bolivianos. El jefe policial fue sustituido por indisciplina y por acatar las ordenes de los funcionarios de la embajada de EE.UU. Lo mismo ocurrió con su antecesor, el mayor Milko Antonio Sokol Saravia.

Cabe señalar que entre los expedientes que investiga el Ministerio de Transparencia y Lucha contra la Corrupción sobre policías denunciados por presunto espionaje y revelación de secretos, figuran Milko Sokol Saravia, Daniel Sprella, Horacio Ballón, Alfredo Arzabe, Melvin Mendoza y Huascad Coca, quienes habrían proporcionado información reservada al señor Luis Alfonso Palma, funcionario de la embajada norteamericana.

6. La destitución del jefe del grupo de seguridad de la Policía Nacional encargado de la protección de la embajada de EE.UU., capitán Luis Gutiérrez, y de otros dos policías por permitir que se empleara a policías bolivianos en tarea de inteligencia por orientación y mando del R.S.O. de la embajada de Estados Unidos, en la que están implicados directamente el Tcnl. Roberto Vargas (quien está al frente de tareas anti-terroristas y responsable de inteligencia exterior, además de estar a cargo de los policías empleados como Security Detection) y Luis Alfonso Palma (coordinador del grupo de seguridad interna, más conocido como “los azules”).

Palma no es muy discreto precisamente. Es conocido por constantemente alardear en su entorno y con otros amigos cercanos de su “alto cargo en la Embajada” y por moverse en distintos autos con placas de misión internacional, también empleados por los Security Detection (estos tienen las placas 25 MI 51, 27 MI 40 y 27 MI 38). El boliviano-americano, ex Marine, también presume de tener la máxima autoridad sobre la Policía Boliviana desplegada para la seguridad de la embajada norteamericana. Entonces, ¿por que Memmott no explica las funciones específicas de Vargas y Palma en el R.S.O.?

7. El empleo de policías bolivianos del grupo de seguridad asignado a la embajada norteamericana por el Batallón de Seguridad Física Estatal, en tareas de inteligencia, bajo las órdenes directas de Roberto Vargas y en cumplimiento de las instrucciones que emiten Thomas Scalon, jefe R.S.O., Alejandro Lee Johnson y Luis Alfonso Palma Meneses.

Existen sobrados ejemplos de policías bolivianos asignados a la embajada de EE.UU. que son reclutados por los jefes de la oficina de seguridad de ese país para que abandonen su carrera policial y pasen a la nómina del grupo de seguridad interna que dirige Luis Alfonso Palma desde mayo de 2011. Entre estos policías que pasan a realizar tareas de inteligencia para la embajada norteamericana se encuentran Horacio David Ballón Macías, la Tte. Karen Yvis Vargas Sosa, el Sgto. 2do Alexander Callisaya, el Sgto. Daniel Huasco Aruquipa, entre otros.

8. El empleo de policías del grupo de seguridad de la embajada de EE.UU. en tareas de inteligencia en el sector perimetral externo, donde los policías bolivianos son obligados a disfrazarse de lustrabotas, heladeros y dulceros para buscar información.

Entres estos figuran René Luis Yujra Chuquimia y Frede Huanca Quisbert, los cuales ocupaban los “puestos fijos” de lustradores de calzados, uno en la calle 6 de agosto y el otro en la avenida Arce.

Otro caso llamativo es de la policía Viviana Caballero Corrales, que fue obligada a vestirse de dulcera para hacer tareas de inteligencia en el entorno de la embajada norteamericana.

La lista es larga, pero el problema no está en los policías que disciplinadamente solo acataron instrucciones de la embajada EE.UU. sino en los funcionarios de esa legación diplomática que piden hacer lo que no está permitido.

9. El empleo de ex policías bolivianos (“los azules”) del grupo de seguridad interna de la embajada de EE.UU. en patrullajes por zonas de residencia de los funcionarios norteamericanos. Esta actividad la hacen en autos con las placas anteriormente señaladas y sin el permiso respectivo, pues los que integran este grupo solo pueden operar dentro de la embajada norteamericana. La pregunta es ¿este grupo de seguridad interna cuenta con la autorización de las autoridades bolivianas o están debidamente registrados?

10.La denuncia, comprobada, del gobierno boliviano sobre las cercanas relaciones y el intercambio de llamadas telefónicas entre el dirigente indígena Rafael Quispe y Eliseo Abelo, funcionario de la embajada de Estados Unidos a cargo de los contactos con el sector indígena. Las llamadas, no desmentidas por la legación norteamericana, se produjeron en momentos en que se llevaba adelante la marcha del TIPNIS y en que salían correos electrónicos desde la embajada estadounidense solicitando apoyo financiero a los marchistas.

11.La reunión del 25 de mayo de 2010 entre el oficial CIA, Ian Hayward, con dos dirigentes de Caranavi, en el “Beans Coffee Bar”. El encuentro se dio tres meses después de que se registrara un enfrentamiento entre pobladores de Caranavi y Palos Blancos por el lugar de instalación de una planta procesadora de frutas. ¿Qué intereses tenía la embajada y la CIA en estos dirigentes?

12.El continuo trabajo subversivo y de influencia política de la embajada EE.UU. sobre líderes originarios y campesinos que a través del programa Winter Institute ofrece becas gratuitas de dos meses en Estados Unidos, con el objetivo de ganarlos a sus planes contra el proceso de cambio. Uno de sus graduados de 2007 y activo colaborador de la embajada EE.UU. en Bolivia para el sector cocalero es Pánfilo Montesinos Llanque, sospechoso e implicado en la desaparición del dirigente Ramiro Choque de la COFECAY.

Casas de seguridad

Pero las actividades de inteligencia no solo eran instruidas y monitoreadas desde el edificio de la avenida Arce. Se lo hacía también desde Casas de Seguridad situadas fuera de ella, como la ubicada en la calle 2 de Irpavi, Nro 511.

Esta casa a cargo del ex Tcnl. Roberto Vargas y el militar retirado Miguel Maceda “Bryan” era empleada para sus operaciones por los Security Detection o policías no uniformados encargados de realizar actividades de inteligencia. Maceda también era uno de los encargados de impartir cursos y entrenamientos en labores de inteligencia a los policías no uniformados en la casa de Irpavi, como en los hoteles Ritz, Europa y Camino Real.

Desde esta instalación salían los informes elaborados con material recolectado por los policías no uniformados en dirección a Luis Alfonso Palma y de éste al jefe del R.S.O. y al Encargado de Negocios. Esta actividad fue establecida en la Embajada por el Tcnl Julio Alarcón Valdivia, contratado con la recomendación de Palma en 2009 y quien organizó toda esta labor de inteligencia con policías y que después heredó Roberto Vargas.

Esta investigación periodística tiene sobradas evidencias del empleo irregular de policías por parte del R.S.O. en la búsqueda de información en marchas, situaciones de conflictividad en la ciudad de La Paz y otros. Toda esta información era recolectada y procesada en esta casa por el Teniente José Wilder Villarroel Rodríguez y la Teniente Viviana Pamela Villarreal, jefes de los dos grupos de policías no uniformados que fueron replegados cuando se detectó la operación encubierta de la DEA en el departamento del Beni y sustituidos por el grupo que actualmente dirige Jonathan Vila Choque.

La presencia CIA dentro de la embajada

El encargado de Negocios de EE.UU. ha expresado, en su entrevista con el periódico Cambio, que el artículo de La Época inventa una supuesta conspiración en la que involucra a supuestos funcionarios de la Embajada de Estados Unidos, que “son desconocidos para nosotros”.

Es evidente que Larry Memmott tiene problemas con la lectura en español, pues en el artículo se mencionan a dos funcionarios DEA que ingresaron a Santa Cruz el 11 de mayo para reforzar una operación encubierta de la DEA y la CIA contra el actual viceministro boliviano de Defensa Social, Felipe Cáceres, y para dañar la imagen política del presidente Evo Morales.

Salvo que Memmott esté ocultando algo, en el primer y segundo artículo se mencionan, con nombres y apellidos, a otros dos agentes de la CIA que viven en la ciudad de Santa Cruz. No se dice que sean funcionarios de la embajada de los Estados Unidos.

El encargado de Negocios de la embajada de EE.UU. trata de invalidar el artículo de denuncia al señalar poco conocimiento de inteligencia, lo cual es cierto, por no haber escrito con precisión que CIA significa “Agencia Central de Inteligencia”. De nuevo, hay que reconocer que no soy un experto en inteligencia como seguro es Larry Memmott, pero no tengo la menor duda al afirmar que la CIA cuenta con muchos oficiales en su estación en la embajada norteamericana en La Paz que desarrollan trabajos de espionaje contra el gobierno del presidente Evo Morales y que se dedican a reclutar agentes en casi todos los sectores del país.

Si Memmott quiere nombres, pues empecemos a dárselo:

•    Geoffrey Schadrack, encargado de la Oficina Política y Económica.

•    Richmond Paul Blake y Robert Crotty, subordinados al primero.

•    Gregory Reynolds Alston, alto funcionario de la Oficina Política que participó en la organización del operativo encubierto que llevaron adelante los dos agentes DEA en la ciudad de Santa Cruz.

•    Alejandro L. Johnson, uno de los funcionarios del R.S.O. (casualmente el mismo R.S.O. al que pertenecía Vincent Cooper) que proviene del servicio secreto y si se busca bien en los registros de eventos internacionales continentales se puede ver su nombre como parte de la comitiva de seguridad del presidente George Bush durante sus últimos viajes por América Latina, especialmente México.

•    Otros dos que ya abandonaron Bolivia pero que cumplieron un sinnúmero de tareas serían Ian Hayward y Jeff Beller quien fungía como subdirector de la NAS hasta que fue destinado a reforzar el trabajo de espionaje y subversión contra el gobierno bolivariano de Venezuela.

•    En esa lista también figuran aquellos funcionarios de la embajada que son agentes y operadores de inteligencia bajo la dirección de la estación de la CIA en La Paz, tales como Luis Beccar, Eliseo Abelo Ticona, Wilmar Iván Chire, Gustavo Ortiz y Eric Contreras por solo mencionar algunos que Memmott los conoce bien.

La operación encubierta en Santa Cruz

Otro de los argumentos utilizados por el Encargado de Negocios de la embajada de Estados Unidos es que Salvador Leyva y Edgar Fernando Fritzz, que son los dos estadounidenses que ingresaron a Bolivia el 11 de mayo pasado, no son agentes de la DEA y que se trata de personas contratadas por una empresa especializada en capacitación sobre legitimación de ganancias ilícitas.

Y entonces está claro que Larry Memmott desconoce el historial de ambas ciudadanos estadounidenses o, en cumplimiento del ingrato papel que se le ha asignado, prefiere emplear argumentos que no ayudan a despejar la idea de la conspiración.

En primer lugar porque Salvador Leyva y Edgar Fernández Fritz tienen un historial que permite demostrar su papel de agentes de inteligencia de los servicios secretos de Estados Unidos.

Leyva es un agente de la DEA que ha tenido una intensa participación dentro de México. En septiembre de 2006 el presunto narcotraficante Armando Pavón acusó a los agentes DEA, Salvador Leyva, Horacio Ayala y James Kuykendall de presionar a la embajada de EU y a las propias autoridades de la DEA para que se le detuviera por presuntamente haber dejado en libertad a Rafael Caro Quintero (http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/7155584, http://articles.latimes.com/1990-06-01/local/me-250_1_dea-agent)

Edgar Fernando Fritz de la Orta es graduado de la Academia Nacional del FBI, Quántico, Virginia, Estados Unidos y ha recibido capacitación por parte de la DEA en investigación de narcóticos, investigación criminal, laboratorios de metanfetaminas e inteligencia.

Ambos ingresaron a Bolivia el 11 de mayo y salieron intempestivamente el 18 de ese mismo mes, luego de utilizar la fachada de un curso a la FELCN para tomar contacto con dos agentes CIA que viven en Santa Cruz (David Wayne Paiz y Bert Davi Castorino), con la finalidad de ir construyendo un expediente contra el viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres.

En segundo lugar, porque el uso de empresas contratistas como método de encubrimiento de los agentes de inteligencia es bastante conocido. Desde hace más de una década la CIA, DEA y USAID han recurrido a “contratistas” para “penetrar” o “ingresar” a sus agentes en la mayor parte de los países, particularmente de los que mantienen cuestionamiento al accionar de las embajadas norteamericanas. Entre estas figura la Development Alternatives, Inc y la Dyncorp que fue contratada por la DEA en Bolivia.

En tercer lugar, toda vez que el alto funcionario norteamericano justifica el viaje de los agentes DEA a Bolivia en mayo pasado como resultado de la contratación de ambos para un curso de capacitación sobre legitimación de ganancias ilícitas a pedido del gobierno boliviano, sería muy sano que expresara qué institución o funcionario del gobierno boliviano hizo el requerimiento de su contratación, cuando es bastante conocida la posición del presidente Evo Morales y su gobierno de no aceptar la presencia de la DEA en Bolivia ni de empresas “contratistas” vinculadas a esa agencia antidroga u otro servicio secreto norteamericano.

En cuarto lugar, si ambos ciudadanos norteamericanos fueron contratados para impartir un curso organizado por la NAS y la FELCN, la pregunta es ¿por qué ingresaron al país como turistas y no en misión oficial o académica?

Todo parece indicar que esta operación de la CIA y la DEA ha contado con la colaboración y cobertura de oficiales y funcionarios locales que trabajan para la embajada de EE.UU. y sus agencias especiales, lo cual se irá decantando en la medida que le interese al gobierno hacerlo.

En quinto lugar, sería bastante importante que Memmott identifique el nombre de la empresa especializada en estos asuntos que hizo la contratación de los dos ciudadanos norteamericanos.

Aunque sabemos que Memmott no va a responder a esta pregunta, es bueno saber que existe una gran cantidad de bibliografía en librerías de mundo, incluyendo en su propio país, sobre “los contratistas” del Departamento de Estado y de las agencias especiales que emplean a sus “contratistas” como Salvador Leyva y Edgar Fernando Fritzz para tareas de inteligencia. Entre las publicaciones podemos sugerir:

•    Denuncias contra la empresa Ex Services Llc, también conocida como Blackwater Usa o Blackwater Worlwide, una de las principales empresas contratistas del gobierno de Estados Unidos, en especial del Departamento de Estado y sus agencias de inteligencia, que el 28 de septiembre de 2007 se vio involucrada directamente en la muerte de 17 civiles en la Guerra del Golfo, a manos de mercenarios contratados por el gobierno de Estados Unidos.

•    Denuncias del periodista John Otis, en su libro “La ley de la selva: la cacería contra las FARC, los secuestrados estadounidenses”. El libro, basado en hechos reales ocurridos en Colombia en 2003, denuncia la participación de la empresa “Dyncorp”, contratista del Departamento de Estado y las agencias de seguridad norteamericanas en el asesinato de civiles y miembros de las FARC

•    Informes publicados por los ya muy conocidos wikilieaks en febrero de 2013, sobre la participación de las empresas contratistas de la CIA, la Stratfor y Canvas, para trazar la ruta subversiva para derrocar al presidente Hugo Chávez en 2010. En estos Wikilieaks hay 73 correos electrónicos que aparecen en “The Global Inteligente Files” en enero de 2010, donde se muestra cómo la empresa contratista Stratfor (versión privada de la CIA) realizó labores de espionaje en Venezuela que sirvieron de base a los informes del “Centro Estratégico y Acciones No Violentas” (Canvas por sus siglas en inglés), para trazar la ruta de la oposición venezolana y replicando la misma estrategia que empleó Estados Unidos para derrocar a Sloban Milosevich en Serbia. Estamos hablando de impulsar la “revolución de colores” en Venezuela con el apoyo de la CIA, USAID y la NED.

•    Para no hacer más extenso el artículo, es recomendable que Memmott lea a Jean-Gay Allard, prestigioso periodista y escritor canadiense especializado en temas como “las contratistas” y su relación con las agencias de inteligencia norteamericanas. Uno de sus artículos que pone al descubierto esa relación es “La USAID y la CIA mandan al matadero a sus contratistas”, publicado el 27 de junio de 2010.

Pero regresemos a la “visita turística” de los dos agentes DEA en mayo pasado. Siendo justos con Memmott debemos decir que él no sabía de la operación encubierta y de los cursos que se prepararon a su espalda. Salvador Leyva y Edgar Fernando Fritz pretendían dar capacitación a personal boliviano para lo que planificaron dos cursos: el primero sobre legitimación de ganancias ilícitas del 13 al 17 de mayo y el segundo sobre el manejo de información del 20 al 24 del mismo mes y en el mismo lugar. El primer curso era una fachada para el segundo que es el que más les interesaba pues los asistentes serían personal policial comisionado a grupos especiales de inteligencia de la FELCN a nivel nacional. El propósito del curso era recoger información, documentación y en algunos casos reclutar y sembrar agentes, dejando establecido mecanismos de comunicación y en el marco del plan de construir el expediente “Cáceres”.

¿Podría ahora Mr Memmott responder a la pregunta de por qué el curso se interrumpió antes de lo previsto?, ¿No será que se dieron por alertados de que su presencia había sido detectada?

Para no hacer más largo el recuento y como se dice al principio de este artículo, no pretendemos que Larry Memmott ni ninguno de sus “contratistas” en la Embajada de Estados Unidos reconozcan la labor subversiva que realizan sus agencias de inteligencia y sus fachadas (USAID, IRI, NED, NAS, DEA) en Bolivia. Nos basta con abrir los ojos de una buena cantidad de hombres y mujeres ante el peligro que éstas representan para la estabilidad social, política y económica del país.

El objetivo de este artículo era hacer una breve reseña del constante accionar conspirativo de los Estados Unidos contra el proceso boliviano y el presidente Evo Morales. Como diría Memmott se necesitarían muchas ediciones para poner al descubierto todo el trabajo subversivo que emana del edificio de la Avenida Arce.

Y finalmente, esperamos que si es verdad, como sostuvo el Encargado de Negocios, que “no hay ninguna investigación ni de parte de la DEA ni del gobierno de Estados Unidos” sobre el Viceministro de Defensa Social, Felipe Cáceres, de quien tendrían un alto concepto por su trabajo idóneo en la lucha contra el narcotráfico desde el año 2006, entonces las altas autoridades norteamericanas no descertifiquen de nuevo a Bolivia en su próximo informe anual.

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