Bajo la errónea convicción de que la liberalización comercial es un instrumento que permite el fortalecimiento del desarrollo, expansión y diversificación del comercio internacional, nuestros países de latinoamérica aplican modelos de política comercial sin barreras de ningún tipo que obstaculicen las corrientes comerciales, asumiendo que el mercado es el mecanismo apto para la asignación más eficiente de los recursos.
Como resultado de esto, aplican a diferentes convenios de “integración” coercitivas a favor del sistema capitalista respondiendo al entorno económico internacional y a la globalización.

Lamentablemente aun nuestros países no terminan de orientar su política y economía hacia organismos de integración que salgan de la lógica capitalista y que nos proporcionan la oportunidad de crecer y desarrollarnos bajo otros principios tal es el caso del ALBA.

Al presente, es difícil entender que nuestros países muestren excelentes indicadores macroeconómicos estipulados bajo la lógica capitalista con alta reservas internacionales, con un alto nivel de endeudamiento y el crecimiento del PIB no se refleja en la satisfacción de las necesidades profundas de la población, insatisfacción que ocasionan alta conflictividad por empleo, por salarios y mejores condiciones de vida.
El crecimiento económico no implica necesariamente desarrollo, se ha analizado que ha existido crecimiento económico en los últimos años sin embargo el incremento de la deuda que contraen nuestros países demanda mayores pagos al servicio de la misma lo que ocasiona que se disponga de menos recursos para cubrir la deuda social histórica que se tiene con nuestros pueblos y se destine menos recursos para fomentar el incremento de la industria nacional estatal.
No es entendible que cuando se tiene superávit fiscal, se siga adquiriendo deudas, estos recursos deberían utilizarse para pagar los compromisos asumidos y reducir o eliminar el nivel de endeudamiento ó apoyarnos en propuestas de integración que nos complementen y permitan a futuro orientarnos a un modelo de desarrollo que satisfaga las necesidades de nuestro país y responda a nuestras particularidades.

Nuestros estados deben definir si la política está en función de le economía o la economía está en función de la política, para mantener coherencia en su propuesta, porque el comportamiento económico de nuestros países aún responden a una lógica neoliberal, buscando equilibrios fiscales, crecimiento económico, mejores calificaciones de riesgo ante organismos multilaterales, buscando inversión extranjera, lo que muestra que no se ha cambiado en nada, mientras que la propuesta política es de cambio.
La deuda externa es un instrumento de sometimiento a las voluntad de los acreedores dueños del capital, crea dependencia, limita la autodeterminación, atenta contra la soberanía de los pueblos, condiciona las políticas económicas y sociales y limita el desarrollo, cuando hablamos de un proceso de cambio basado en la construcción de un nuevo modelo de desarrollo que nos lleve hacia el socialismo.

Militante del cambio del capitalismo al Socialismo