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Por. Vicente Manuel Prieto Rodríguez

El diputado opositor Fabián Yassick en una de sus presentaciones mediáticas.

Zapping desde las 7 a las 8 de la mañana: canal Unitel, un senador de la oposición habla sobre los casos de corrupción cometidos por algunos funcionarios (no servidores) públicos (fuga del ex fiscal Marcelo Sosa acusado por extorsión en el caso Terrorismo, la supuesta responsabilidad del ex ministro Sacha Llorenti en la intervención policial de la “novena marcha indígena” en la localidad de Chaparina, el caso del oficial de lucha antidrogas apresado y procesado en Estados Unidos precisamente por tráfico de estupefacientes…); en el canal 4 otro representante opositor informa sobre la creación de una “comisión” que investigará a la alcaldesa de Oruro (oficialista) por contratos irregulares con la empresa responsable de la construcción de la pasarela que se derrumbó durante el carnaval orureño; cadena A, el opositor Fabián Yassic también habla de una “comisión” compuesta por opositores para investigar todos los casos de corrupción de funcionarios públicos, menciona nombres y cargos, muestra fotos y acusa al gobierno de apoyar el narcotráfico y la corrupción; mientras tanto en otro canal (no importa ya en cuál, están en todos) la diputada ex masista “invitada” Rebeca Delgado, en la misma línea de la oposición, afirma sus acusaciones contra el gobierno de Evo Morales… corrupción, apoyo al narcotráfico, tráfico de influencias, etc. En ningún medio aparecen las buenas obras del gobierno boliviano ni los rostros y opiniones de los millones de beneficiados por tales obras. Y ya empezaron a hablar de la subida de precios de la carne y otros productos fundamentales para el pueblo. ¿Casualidad? No. Está sucediendo lo previsible, lo que analistas de la talla de Hugo Moldiz y periodistas como Ricardo Bajo y Andrés Salari ya advirtieron, la campaña contra el Presidente Evo Morales y el Proceso de Cambio está en marcha (adelantándose a las fechas electorales) con uno de sus principales ejes: acusaciones al gobierno de corrupción y narcotráfico (temas sensibles para la población que los relaciona con gobiernos anteriores, antítesis del actual). Estos temas los maneja la oposición utilizando casos conocidos del público precisamente por el posicionamiento que han hecho de ellos los canales mediáticos en una fase previa. Trasladando los principios bélicos de Clausewitz (Karl von Clausewitz, Sobre la guerra, 1882) al ámbito de la comunicación y propaganda política, podemos observar que los medios de des-información bolivianos afines a la oposición (casi todos) están tratando de aprovechar su superioridad numérica (mediática) para afirmar una imagen negativa del gobierno actual, reflejada en una “corrupción generalizada”, apoyo o negligencia ante el narcotráfico (que genera per se una gran inseguridad ciudadana) y consecuente con todo ello un mal manejo de la economía “familiar”.

La “preparación artillera” mediática ya ha comenzado.

En esta batalla sin enemigos frontales (los medios que de alguna manera u otra apoyan el proceso de cambio son muy pocos y sobre todo muy poco efectivos) la oposición apuesta por el acriticismo general del público, acostumbrado a deglutir temas y contenidos sin preguntarse otros “por qué”, confiando en los medios de comunicación que históricamente les han vendido sus razones. Por eso, descaradamente, los representantes opositores se presentan a entrevistas (dirigidas, donde el periodista apenas pregunta y lo que pregunta parece ser inducido en el guión por el propio entrevistado para reforzar sus argumentos por pobres que sean, demostrando así que la mayoría de estos “periodistas” son solo relacionadores públicos de la oposición, al decir de George Orwell) sin manejar datos precisos, creíbles, solo utilizando la superficialidad de los hechos, lo que todo el mundo conoce, lo que ya los canales sacaron como “noticia”, redundan sobre lo mismo sin aportes profundos y confían en que, bajo la máxima goebeliana, sus mentiras se conviertan en verdades.

¿Existen los hechos de corrupción denunciados? Sí, existen, porque desgraciadamente el gobierno de Evo Morales ha heredado un sistema colonial burocrático que permite corromper a quienes no han comprendido claramente de qué se trata esta revolución democrática, gente que se acercó al poder porque creyó que todo es un simple cambio de posiciones: los que antes estaban arriba y robaban ahora están abajo y les toca el turno de llenarse los bolsillos a los que hoy “están arriba”… Mezquina visión de “funcionarios” que no aceptan cambiar a “servidores públicos” como reiteradamente ha pedido el Presidente Morales. La próxima tarea del Proceso de Cambio debe ser terminar con ese sistema burocrático, indolente, que le da opciones a la corrupción y de paso arma a la oposición de discursos cortos pero basados en hechos puntuales, y para colmo de males, facilita la “infiltración” de elementos reaccionarios en áreas de toma de decisiones importantes. Se debe trabajar más en la construcción de una conciencia verdaderamente revolucionaria en la cual los intereses comunes pesen más que los individuales.

Respecto a la campaña que desde hace algún tiempo iniciaron los opositores apoyados por los medios de in-comunicación bolivianos, hay que ser precisos (como francotiradores), no dejarse llevar por esas encuestas que aparecen últimamente en periódicos, radios y televisoras, anunciando la victoria de Evo por un amplísimo margen. Son “cortinas de humo”, cantos de nana para que el bebé se duerma, no hay que confiar en esos datos vertidos por empresas compradas y vendidas a la oposición. Evo Morales lo ha dicho: su mejor campaña es la serie de obras sociales y los beneficios que este gobierno le da a la población boliviana. Si no hay muchos medios de comunicación a la mano, los servidores públicos, los revolucionarios, tienen que ir persona a persona, barrio a barrio, localidad a localidad y difundir lo que los medios no dicen: que sí se lucha contra la corrupción, cómo se está haciendo, qué falta por hacer y, sobre todo, recabar la ayuda de la población (no de los opositores, porque esos nunca van a querer nada bueno para el gobierno del pueblo). No se trata de “responder a las acusaciones” de la oligarquía, sino, utilizando los mismos métodos (no se puede ir a la guerra en inferioridad de armas [Tsun Tzu]) y otros que son más comunes y propios a las comunidades (talleres, reuniones, actividades sociales) para adelantarse al juego de la oposición, con datos claros, precisos, con hechos palpables, lo cual generará un conocimiento real, no ficcionado por ningún medio de comunicación, acerca de lo que pretende este gobierno (y el próximo que también será del Proceso de Cambio),comenzando a crear la “conciencia revolucionaria popular” que tanto se necesita.