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Por: : Vicente Manuel Prieto Rodríguez

Los mineros, otrora fuerza revolucionaria, se han convertido en instrumento útil al neoliberalismo y la oligarquía.

Así están las cosas. Los mineros ¿fuerza revolucionaria? bloquean y perjudican a la población boliviana, buscan enfrentamientos con la policía para “fabricar” muertos (¿no les parece una cantaleta requete escuchada en los intentos de desestabilización de todo gobierno no afín al imperialismo?), piden renuncia de ministros y viceministros, acusan a Romero (Ministro de Gobierno) de culpable del conflicto (suena al caso de Sacha Llorenti)… Todo lo que escucho y veo acerca de estos enfrentamientos entre mineros y gobierno me recuerda demasiado a los planes norteamericanos y la derecha venezolana por derrocar a un presidente electo democráticamente.

Y si nos preguntamos los móviles de los mineros para tales manifestaciones violentas (bloquear caminos, utilizar dinamita contra los policías y contra la infraestructura vial, son acciones violentas en contra del desarrollo normal de la vida de los bolivianos y no bolivianos que se encuentran en el país): quieren que se apruebe una ley, que más allá de haber sido elaborada por la Asamblea Plurinacional y aprobada en la cámara de Diputados, es una ley neoliberal que permite el saqueo de los recursos naturales (recursos mineros), si bien ya no por compañías extranjeras o multinacionales, sí por un nuevo tipo de “ricos” que antes se hicieron parecer revolucionarios para obtener sus propias prebendas y que ahora no piensan en el bienestar común y sí en sus propios bolsillos (vayan a Oruro, a Potosí y a cooperativas mineras y vean los autitos que se gastan estos “obreros”). Además, como esta pregonada nueva ley que quieren imponer les asignaría a los cooperativistas mineros derechos para establecer relaciones con empresas privadas, nadie quita que en sus mezquinos intereses económicos, dichos cooperativistas vuelvan a vender los recursos del pueblo al mejor postor.

Y el mandamás de los mineros se atreve a decir (amplificado por los medios des-informativos bolivianos) que así como subieron a Evo al poder lo pueden bajar… Este personajirijillo está trasnochado, el ruido de las explosiones de las dinamitas utilizadas contra la policía, que solo intenta devolver la normalidad para los millones de bolivianos que no son mineros y no se benefician directamente del usufructo de las minas, lo han dejado lelo (opa). No son los mineros quienes permitirán al Presidente Evo Morales continuar dirigiendo el Proceso de Cambio; éste minero que vive de los otros mineros se ha olvidado de que existe una gran masa campesina (no minera) y una buena parte de la clase media que apoya al Proceso de Cambio (véase la masiva inscripción de militantes en el MAS en anteriores semanas). Es verdad que tienen una amplia base, pero no es aplastante ni mucho menos, amén de que no todos los mineros tienen la misma ideología pro capitalista de sus dirigentes sindicales.

 

El perro que muerde la mano que lo alimenta

 

Tuvo que venir un gobierno indígena, el de Evo Morales, para que los mineros vieran reivindicadas sus luchas, porque en los anteriores (dictatoriales o no, pero todos neoliberales) no había cooperativas, no había reconocimiento de derechos, solo había empresas extranjeras explotando los recursos y explotando a los trabajadores, como es común en el capitalismo más rancio. Y estos “miembros” de la clase trabajadora, antes pobres y ahora “nuevos ricos”, se sienten con el poder para desafiar al gobierno que les dio su lugar, que no los relegó; los dirigentes sindicales (azuzados por el fluir del dinero que puede venir de su explotación de la riqueza de la tierra de todos los bolivianos, o de alguna ONG u organización que maneje fondos de los señores del norte), dan la espalda al pueblo de donde salieron y se enfrentan al gobierno netamente popular que intenta repartir entre los diez millones de habitantes del Estado Plurinacional de Bolivia la riqueza que mana de su tierra.

¿Qué se deduce detrás de estas manifestaciones de protesta? Si observamos bien, los métodos utilizados por los mineros levantados son los mismos que han sacudido y todavía sacuden a la hermana Venezuela:

–        Bloqueos de vías importantes (práctica normal en Bolivia para cualquier reclamo de menor cuantía que paraliza prácticamente la movilidad en el eje troncal del país);

–        Generación de acciones violentas que involucren a los cuerpos de preservación del orden para poder acusar al gobierno de intolerancia, represión (inducen la comparación con las dictaduras) y en consecuencia

–        “Fabricación” de muertos (que nadie ve pero los medios de des-información amplifican y mencionan constantemente) con el objetivo de sensibilizar la opinión pública nacional e internacional y condenar el actuar gubernamental;

–        Pedido de renuncia de autoridades de primer nivel e incluso amenaza de “bajar” al Presidente democráticamente electo.

Por todo ello es fácil deducir que hay un intento de desestabilización contra la dirección del Estado Plurinacional de Bolivia, justo cuando faltan pocos meses para el comienzo de la campaña eleccionaria presidencial y que la derecha oligárquica, viendo muy reducidas sus opciones (después de estas elecciones puede quedar tan destruida que no es descabellado hablar de su desaparición), utiliza a sus “tontos útiles” en la forma de dirigentes sindicales para que armen problemas y restarle apoyo a la dupla Evo-Álvaro.

La oposición está desesperada y echa a mano cualquier recurso (último recurso como en el fútbol: ponerle la zancadilla al delantero que se desprende solo con la pelota para meter el inminente gol) buscando que se tambalee el liderazgo del Presidente indígena originario.

Los mineros están dando un paso atrás ante el imaginario popular: se perciben como oportunistas que buscan afianzar el sistema neoliberal, enemigo del pueblo. Las bases mineras deben reflexionar la justeza de sus peticiones y pensar si no están apoyando a aquellos mismos que, antes de este gobierno, los pisotearon, ignoraron y explotaron.