Etiquetas

, , ,

Iroel Sánchez

http://lapupilainsomne.wordpress.com/2014/05/05/el-aterrizaje-suavede-cuba-en-el-capitalismo-y-la-secuencia-optima-parte-iv-y-final-vikingos-bajo-el-sol/

Llama la atención que existiendo países de nuestra región con muchos más problemas sociales que Cuba -violencia, insalubridad, desnutrición, narcotráfico, etc- y menos producción académica, artística e intelectual que los aborde, los  medios de comunicación, algunas ONGs, la industria cultural y los gobiernos de países europeos miembros de la OTAN dedican proporcionalmente muchos más recursos y espacios a estimular el abordaje de la problemática interna cubana que a indagar en ninguna otra nación de nuestro entorno. Por ejemplo,  como he dicho antes, en Colombia, Honduras, México, Brasil… asesinan periodistas y blogueros pero es a la expresión de sus similares cubanos -no sometidos a actos semejantes- a los que corporaciones como BBC dedican espacios exclusivos.

Así tenemos la simpática paradoja que convierte lo que se hace en Cuba con el respaldo de los gobiernos y medios de comunicación más poderosos del mundo en “alternativo” o “independiente”, mientras lo que apoyan las bloqueadas instituciones del “conflictivo” gobierno cubano es siempre “oficialista”. Más allá del accionar burocrático de no pocas de nuestras  instituciones, cuya inercia resulta funcional a esa lectura, me pregunto si eso tendrá algo que ver con “dinámicas de información” y una “política de proyección hegemónica” que, imposibilitadas de actuar directamente por el propio bloqueo norteamericano, se proyectan a través de terceros.

¿Será posible que Europa se dedique a promover entre nosotros verdaderos proyectos de desarrollo, o a divulgar su enorme herencia científica y cultural, sin segundas intenciones al servicio de Estados Unidos y dirigidas a cambiar el régimen político y social cubano? De hecho, han existido y existen hoy algunos en la economía y la ciencia muy útiles impulsados en Cuba por países del viejo continente como la propia Noruega. Por otra parte, es memorable la acogida que tuvo la visita a la Feria del libro de La Habana del gran explorador noruego Thor Heyerdalh, acompañado de una importante exposición que mostraba su trabajo científico, como resulta ejemplar el Festival de Cine Francés que cada año llena los cines cubanos como una alternativa a la inundación hollywodense.

Pero deberían dejar, por favor, de intentar imponernos desde Europa y Estados Unidos -acompañado de abundantes recursos y atractivo empaque- lo que el panameño Guillermo Castro Herrera define en su más reciente colaboración en La pupila insomne como “la falsa erudición del liberalismo en crisis” en actualizada lectura del José Martí de Nuestra América que enfrentó a Sarmiento y su importada “batalla entre civilización y barbarie”: 

“La lucha de los europeos y norteamericanos por la reconstrucción del Estado de Bienestar identifica a su izquierda dentro del mundo realmente existente para ellos, hoy bajo control de su derecha.

“Nuestra demanda de construir un mundo nuevo – que sea popular por lo revolucionario, y revolucionario por lo democrático que llegue a ser – no es, en esta perspectiva, de izquierda.

“Ella corresponde a la naturaleza más profunda de nuestra identidad, de nuestras necesidades y nuestras aspiraciones, definida en la batalla incesante contra la falsa erudición del liberalismo en crisis.”

Silvio Rodríguez ha explicado, con su particular capacidad de síntesis, la inviabilidad de esa “izquierda” de este lado del Atlántico:

“La izquierda se identifica (y falta mucho para que eso cambie) por el antiimperialismo. No todo el antiimperialismo pudiera ser de izquierda, pero para ser de izquierda es imprescindible ser antiimperialista. Para mi eso es básico. Y eso no quiere decir antinorteamericano ni anti Estados Unidos. Eso quiere decir en contra de las políticas imperiales hegemónicas de dominación global y regional. Al menos en nuestras circunstancias de cubanos y latinoamericanos considero que es así. Por eso todo el que pretende hablar como izquierda y sólo tiene palabras para criticar y denostar a los que han logrado hacer cosas concretas desde la izquierda, como por ejemplo tomar el poder, para mi o están equivocados o son farsantes.”

Sobre ello escribí una vez:

“El imperialismo no es confesional, y lo sabemos no sólo por sus alianzas con el Talibán. La mejor investigación que conozco sobre la Guerra Fría cultural de la CIA demuestra con amplitud cómo Estados Unidos financió y alentó una “izquierda no comunista” contra la URSS, y Fidel, al referirse a la conspiración de ultraizquierda en Granada que abrió las puertas a la 82 División Aerotransportada, afirmó: “Es algo que, o lo hizo la CIA, o de lo contrario no habría podido hacerlo más perfecto”. Que exista una intención similar con Cuba dentro del amplio abanico de acciones imperialistas contra el país, a nadie extrañaría, más si ya hay “izquierdistas” que comulgan con la quinta columna armada por Washington.”

El diseño para imponer aquí “la falsa erudición del liberalismo en crisis” es muy viejo, y viene siempre de la misma mano. En una carta fechada  en Madrid el 29 de julio de 1991 y citada en el libro El Camaján, de Arleen Rodríguez y Lázaro Barredo, el agente CIA Carlos Alberto Montaner impartía instrucciones a sus subordinados en Cuba -Gustavo Arcos Bergnes, Oswaldo Payá y Elizardo Sánchez Santa Cruz-Pacheco, entre otros-, y les instruía dividirse entre “liberales, democristianos y socialdemócratas”. Él les explicaba:

“Estas tres tendencias pertenecen a un arco democrático común, y conviven más o menos armoniosamente dentro del mismo sistema de economía de mercado, pluralismo político y defensa de las libertades. Si hubiera que marcar diferencias, que siempre son de matices, habría que decir que los democristianos subrayan cierto orden, los socialdemócratas la justicia y los liberales las libertades individuales.”

Montaner también es de los que propone para Cuba  “una transición pactada al estilo español de los pactos de la Moncloa en 1977” de donde viene esa “izquierda” que pasó -como Javier Solana– de decir “A la OTAN de entrada no”, a ocupar su Secretaría General. Un chiste muy de moda, citado por Castro Herrera, lo refleja: “los socialdemócratas se presentan como de izquierda, se imaginan como de centro, y en el gobierno aplican políticas de derecha”. Con el título “La transición española y el caso cubano”, Carlos Alberto Montaner dedica un capítulo de su libro Cuba: Un siglo de doloroso aprendizaje a lo que Arturo López Levy describe como “el mejor escenario para los intereses y valores democráticos europeos” en esta Isla. 

Toda polémica en Cuba entre “izquierda y “derecha” es falsa. El que no lo crea que recuerde a Henrique Capriles en Venezuela lanzándose contra el proyecto emancipador de Hugo Chávez “desde abajo y a la izquierda“.  Frente a ello, habría que decir como Omar Torrijos, recordado por el pensador istmeño que citamos antes: “Ni con la izquierda, pues, ni con la derecha: con nuestra gente, en todo lo que ella puede llegar a ser”. ¿Qué “izquierda” tendríamos aquí sino esa que el chiste de moda describe? 

Nuestra oposición: el pueblo con el poder en real y en libre ejercicio democrático. Cada vez que fallan los sindicatos, las organizaciones sociales y estudiantiles en su papel de control y representación popular en la vida institucional y política, cada vez que una asamblea de rendición de cuentas es una oda al formalismo, cada vez que nuestra prensa da la espalda a un asunto que afecta la vida de los humildes, se ensancha la grieta por donde avanza el proyecto regresivo que -de distintas maneras- Washington lleva 55 años financiando.