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Vicente Prieto
Hace 4 meses que Argentina regresó a las medidas neoliberales de la mano del presidente electo Mauricio Macri, quien ha ido perdiendo la confianza incluso de sus electores, debido al incumplimiento de las promesas de campaña y a la serie de acciones consideradas lesivas a los sectores más vulnerables de la población, entiéndase obreros, asalariados, campesinos y pequeños comerciantes.
Según el “Macrímetro” (https://www.macrimetro.com/), una iniciativa ciudadana en el ciberespacio para medir el cumplimiento de las promesas electorales del actual Presidente, solo 7 de las 265 promesas han sido cumplidas y entre ellas no destaca ninguna para mejorar la vida de los argentinos “de a pie”, más bien eliminar algunas acciones tomadas por el gobierno de Cristina, como por ejemplo, el Memorándum de Entendimiento con Irán y el levantamiento del cepo al dólar y unificación del tipo cambiario, lo cual, en vez de mejorar la situación, ha devaluado a la moneda nacional.
El resto de las promesas en el vasto ámbito social y económico aún duerme al estilo de la Bella Durmiente. Ni la educación, ni la salud pública, nada ha sido mejorado, muy al contrario se ha deteriorado: Macri anunció aumentar la capacidad de empleo, sin embargo ha despedido ya a más de 200 mil empleados públicos y ha abierto el camino a las importaciones, lo cual redunda negativamente en la producción nacional y la generación de puestos de trabajo en sectores manufactureros, agrícolas y otros. Ya se han dado masivos paros en los sectores de educación y bancario, precisamente por lo injusto de los despidos y de la puesta en marcha de medidas netamente antipopulares, lo cual demuestra el desacuerdo con una gestión que prioriza los intereses de las minorías capitalistas antes que a las mayorías vulnerables que viven de su propio trabajo.
Por si fuera poco, el presidente argentino aparece sindicado en los documentos filtrados por la investigación llamada “Papeles de Panamá”, vinculándolo con la formación de empresas offshores en un grupo familiar, destinadas a evadir impuestos y obtener ganancias sin declarar en su país a través de los paraísos fiscales.
Si bien la propaganda estatal intenta posicionar la idea de que Mauricio Macri no habría participado directamente en tales empresas, debido a que no consta la propiedad de acciones en las mismas, se hace difícil creer que, siendo un emporio familiar, con su padre Franco Macri a la cabeza, y del cual el propio actual presidente argentino ha fungido como Director, éste desconociera el destino y origen de los fondos que manejara para el aumento del patrimonio familiar, del cual también disfruta, en una manera oscura para los cánones establecidos de transparencia en la conducta económica.
Esta situación pone en tela de juicio el cumplimiento real de la promesa preelectoral acerca de la lucha frontal contra la corrupción, una de las que mantiene el estatus de incumplida y, según como soplan los vientos, no se cumplirá con este gobierno.
Argentina hoy, después de haber asumido el “cambio” tras las promesas de Macri, se enfrenta a un panorama que avizora regresar a las prácticas pre-Kirchneristas, las cuales llevaron al país a una crisis desde finales de la década de los ´90 hasta el 2003 cuando Néstor Kirchner ascendió a la presidencia de la República y frenó la embestida neoliberal.