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*Camilo Katari

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Recuerdo nítidamente ese miércoles 18 de marzo de 2015, cuando se anuncia que Luis Almagro iba a ser posesionado como Secretario General de la Organización de Estados Americanos, OEA, con la promesa de reestructurar ese ente fundado en 1948, el excanciller uruguayo fue apoyado para «rescatar la legitimidad del organismo», dijeron por ahí.
En ese tiempo, muchos lo calificaban como un «negociador pragmático y elocuente», lo cierto es que Almagro se había ganado el apoyo de al menos 20 de 34 países de la OEA y divulgaba como quien sería la piedra angular para revolucionar el ente que muchas veces fue cuestionado por su desigualdad interna.
Estamos hablando de un momento clave en su trayectoria de Luis Almagro desde que, como militante del partido de izquierda, Frente Amplio, en sus 51 años de vida y más de 20 en carrera política, fungió como primer secretario y encargado de negocios en la embajada de Uruguay en la República Islámica de Irán entre 1991 y 1996.
Trayectoria que tuvo referencia cuando fue representante de su país ante la UNESCO en 1998. Fue embajador de Uruguay en China en 2007. En 2010, luego que «Pepe» fuera electo presidente, Almagro pasó a ser su canciller. Y finalmente, en las elecciones uruguayas de 2014, Almagro fue candidato a la cámara alta, y resultó electo senador para el período 2015-2020.
Llama profundamente la atención que en medio de esa carrera diplomática “deje huella” negociando la recepción en Uruguay de exdetenidos en la base militar estadounidense de Guantánamo, un acuerdo que quedó sellado en un encuentro entre Barack Obama y José Mujica, en Washington.
El último ataque en su carrera que da un giro de más de 180 grados, tras su permanencia en la OEA es lo que se conocía en invocar la Carta Democrática de la OEA, lo que le permitió a la organización intervenir cuando exista una “alteración del orden constitucional que afecte gravemente el orden democrático en un Estado Miembro”.
El ataque de Almagro fue calificado como político, no en defensa de la democracia. Se trata de los planes regionales de Washington y de sus aliados de la derecha. Fue la demostración de una profunda falta de respeto a las normas políticas de América Latina, Almagro, incluso publicó un artículo de opinión del Washington Post escrito por Jackson Diehl en la página web de la OEA.
El artículo alababa a Almagro por “revitalizar a la OEA” con sus cruzadas en contra de un país miembro. No es más apropiado para el jefe de la OEA hacer campaña en contra de un país miembro como lo podría ser para el jefe de la Comisión Europea de hacer lo mismo en Europa.
Existen consecuencias inmediatas y de alto riesgo en los actos malintencionados y el abuso de poder de Almagro. Si bien se conoce que Venezuela se viene debatiendo en medio a una crisis económica y política, a la vez que políticamente dividido, también la oposición está dividida; al igual que durante todo el siglo XXI, algunos abogan por el cambio pacífico electoral, mientras otros quieren derrocar al gobierno.
Es por todo ello que la tensión entre el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, y Luis Almagro, alcanzó niveles inéditos. Almagro dirigió una carta abierta al presidente venezolano en la que, en términos muy duros, negaba su acusación de ser agente de la CIA o de ser un traidor. La misiva la publicó un día después de que Maduro lanzara sus acusaciones en una rueda de prensa con medios internacionales.
Maduro fue más allá y presagió el futuro de Almagro: “Algún día contaré su historia (…). Fue una jugada maestra que hicieron los gringos, la CIA, con un agente, Almagro. Yo sé todo. Lo conozco muy bien. Sé sus secretos», aseguró el mandatario venezolano. Luego agregó, como quien pronuncia una maldición: «Te secarás, Almagro. Estás seco». No es esta la primera vez que Maduro ataca a Almagro, a quien en noviembre de 2015 llamó «basura».
Con esa carrera “diplomática”, podemos decir que, Luis Almagro, utilizó su cargo y de su autoridad de una manera más flagrante e indignante que cualquier otro de sus predecesores de los últimos años. “Su falta de juicio y su desconocimiento de las reglas de la diplomacia lo hacen parecerse a Donald Trump”. Así lo afirmó Mark Weisbrot, Codirector del Centro de Investigación en Economía y Política, al igual que Trump, es percibido cada vez más como “una vergüenza” dentro de la organización que representa.
Almagro es mucho más que todo eso, es un hombre radical y busca cumplir sus metas de la manera que sea. Su meta principal es deshacerse del gobierno actual de Venezuela. En vísperas de las elecciones de la Asamblea Nacional en diciembre pasado, dicen que Almagro trabajó sin descanso intentando convencer a los medios de comunicación y al mundo, que el gobierno iba a manipular los resultados electorales. Cuando los resultados fueron reconocidos universalmente como limpios y transparentes, no pidió disculpas pero simplemente cambio su táctica.
Pero a Almagro no le interesó promover el diálogo, y lo que le interesa es utilizar a la OEA y su alcance mediático para deslegitimar al gobierno de Venezuela, un objetivo que Washington persigue desde hace 15 años. La impaciencia con Almagro dentro de la OEA está creciendo. Muchos gobiernos lo criticaron públicamente y algunos pidieron su renuncia.
Bolivia, también se sumó al pedido de renuncias por estar «arrastrando» al organismo «a su oscuro pasado de intervenciones golpistas» contra los países miembros. «La OEA se ha convertido en un espacio inquisitorio contra los Gobiernos de los Estados miembros. Las acciones del Secretario General vulneran toda norma de la OEA y llevan a la OEA a ser un organismo golpista contra los Estados miembros», afirmó el embajador de Bolivia ante la OEA, Diego Pary.
En la misma línea, aunque sin exigir la renuncia de Almagro, se pronunció el representante alterno de Nicaragua, Luís Exequiel Alvarado Ramírez. De igual forma, el embajador de Ecuador ante la OEA, Marco Vinicio Albuja, acusó a Almagro de «boicotear» con esta sesión la mediación de diálogo que promueven en Venezuela tres expresidentes de España, Panamá y República Dominicana, con el apoyo de la UNASUR, así como la reactivación del diálogo bilateral entre Washington y Caracas.
Así, Ecuador, Bolivia, Nicaragua y seguramente otros, evidenciaron una vez más su apoyo férreo a Venezuela, su socio de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América, ALBA. La canciller de Venezuela, Delcy Rodríguez, pidió al inicio del Consejo su cancelación por considerarlo «un golpe de Estado» contra su Gobierno.
A las críticas a la actuación de Almagro se sumó, la de la representante de Jamaica, Julia Elizabeth Hyatt, quién expresó: “Jamaica considera totalmente inaceptables y desafortunados ciertos comentarios recientes del Secretario General en respuesta al presidente de Venezuela. Pedimos al Secretario General que lleve a cabo las funciones que debidamente se le atribuyen y que en todo momento, se atenga a una comunicación respetuosa”.
Y finalmente, como cierre de un episodio sombrío y carente de un compromiso militante en toda su trayectoria, el propio ex presidente del Uruguay, José Mujica, fue quien le dio su “adiós” a Almagro en una carta que ya se hizo pública con frases muy conmovedoras que ponen su adhesión y su plena solidaridad con el pueblo venezolano cuando le decía:
“Venezuela necesita paz interior, es decir convivencia en primer término, y deberíamos trabajar para ello. (…).
Venezuela nos necesita como albañiles y no como jueces, la presión exterior solo crea paranoia y esto no colabora hacia condiciones internas en esa sociedad.
La verdadera solidaridad es contribuir a que los venezolanos se puedan auto determinar respetando sus diferencias pero esto implica clima que lo posibilite.
Es muy difícil hoy, pero toda otra alternativa puede tener fines trágicos para la democracia real. Lamento el rumbo por el que enfilaste y lo sé irreversible, por eso ahora formalmente te digo adiós y me despido. Pepe”.
*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino