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*Camilo Katari

En los trámites policiales, judiciales y también en las consultas psicológicas o psiquiátricas, se hablan de “casos” para hacer referencia de la problemática general que rodea a un hecho que incluye lugares, cosas o personas. En Bolivia, existe un caso particular que incluye un medio de comunicación, una disposición constitucional y una actitud personal: El Caso del cura Pérez.

La Iglesia Católica durante siglos ha tenido mucho poder en estos territorios colonizados, justamente por ella, salvo algunas posturas individuales como la de Bartolomé de las Casas, Morelos, Oscar Arnulfo Romero y Luis Espinal, la iglesia como tal mantiene enclaves de poder en el Estado Plurinacional de Bolivia, que declara su separación entre Estado e iglesia, por lo cual somos un Estado laico, estos enclaves se encuentran en la educación y en los medios de comunicación, al margen de las llamadas “obras de la iglesia” como Cáritas.

Pese a esta característica, de ser un Estado laico, la jerarquía de la Iglesia católica boliviana, sigue actuando como en tiempos coloniales, juzgando los actos del Estado, soliviantando a la población de una raíz religiosa muy arraigada, para enfrentar al Estado. Si hacemos un análisis de los documentos oficiales de la cúpula eclesial veremos el carácter político-ideológico que tienen sus enunciados.

Al margen de las declaraciones oficiales, existen los que podemos llamar “franco tiradores”, recordemos al Padre Mateo en Santa Cruz, y su intento de revuelta contra el gobierno a partir de su pedido del 10% del presupuesto nacional para la salud.

Otro francotirador de manera disimulada, es el padre Xavier Albó, con su manera particular de “apoyar” los cambios, pero al mismo tiempo dar los elementos lingüísticos, especialmente en aymara, para que la oposición ataque al gobierno.

 Uno de los francotiradores más eficientes de la mentalidad colonial es el “Padre Pérez”, un jesuita que aprovecha una audiencia cautiva, producto de una época histórica que tuvo Radio Fides, allá por los años ‘80 y a través de ese medio, da rienda suelta a su personalidad, bastante conocida por ser insolente, prepotente y con un claro complejo de superioridad, todas estas características fácilmente comprobables por un análisis de su participación en los programas de “su” radio y la verbalización de su subconsciente.

Las personas se caracterizan por la coherencia de su praxis. Tenemos una duda muy fundamentada, que el cura Pérez, tenga algo de coherencia entre su condición religiosa y su posición como político. Solamente tomemos en cuenta su desafió a un Ministro de Estado, todo desafió es contrario a una mentalidad religiosa, que busca la paz y la armonía entre los hombres, pero además, un desafió es una forma de soberbia, un pecado capital hasta donde sabemos.

Todos los días, los programas radiales donde participa el cura Pérez se convierten en el púlpito, no de promover el evangelio, sino todo lo contrario, todo lo que verbaliza tiene un alto contenido político de oposición al gobierno, en su complejo de superioridad hace crítica de todo, oficia de ingeniero, médico, agrónomo, arquitecto, economista, abogado, administrador de empresas, aviador, marino mercante, experto en energía nuclear y otras disciplinas que seguramente domina.

Estos sermones que la teoría de la comunicación denomina “comunicación vertical”, no tienen ninguna diferencia con los sermones de Ginés de Sepúlveda, que  tenía como objetivo desterrar la religiosidad de los pueblos andinos, allá por el siglo XVI.  

Cómo todas las religiones del mundo, el cura Pérez tiene sus feligreses fuertemente dogmáticos que le hacen el coro para consuelo de herejes como yo, los datos de la pérdida de credibilidad de la religión por parte de la juventud nos da la esperanza (virtud religiosa) que este caso ya tiene tendencia a ser un caso cerrado.  

*Camilo Katari, es escritor e historiador potosino