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Tomado de: Granma

SANTA CLARA.—Al igual que aquellos guerrilleros del Frente Las Villas, que en diciembre de 1958 derrotaron aquí a tropas superiores en hombres y armamentos, esta vez fueron los combatientes del Batallón de Infantería de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), quienes este viernes demostraron con su preparación, que la ciudad del Che nunca podrá ser tomada por el enemigo, por muy poderoso que este sea.

Como una colmena, que al ver invadido su terreno cae sobre el agresor con mortales picadas para hacerlo desistir de su malsano propósito, fueron los santaclareños en el escenario del combate, librado en las empinadas montañas que bordean la ciudad, donde volvieron a sonar los tableteos de ametralladoras y los gritos de guerra y de victoria que sugirió el Che.

Allí, la intrepidez de jóvenes como Melisa Gómez o Abdel González, se juntaron con la pericia y la experiencia transmitida por el teniente coronel Ismael Mazorra, jefe del Estado Mayor o el coronel Carlos Rafael García, jefe del Sector Militar de Santa Clara, entre otros combatientes, para derrotar una supuesta agresión enemiga que pretendió de manera infructuosa tomar la capital del territorio villaclareño.

Durante las acciones de desgaste y enfrentamiento al agresor, todos los elementos integrantes del dispositivo defensivo, entre ellos las unidades regulares, las MTT y las Brigadas de Producción y Defensa, mostraron la alta moral combativa que los caracteriza, así co­mo la preparación y destreza adquiridas.

En las emboscadas contra el su­puesto invasor y a través de las operaciones que se pusieron en marcha contra el grupo que pretendía rescatar un piloto enemigo derribado por las fuerzas cubanas, entre otras acciones, los jó­venes soldados y oficiales demostraron la efectividad de la estrategia de la

Guerra de Todo el Pue­blo que enarbolamos aquí como doctrina defensiva.
Fue una jornada pletórica de emociones, en las cuales quedó demostrado la valía de la idea del General de Ejército Raúl Castro, Pre­sidente de los Consejos de Estado y de Mi­nis­tros, quien expresó que «el sudor que se derrama en la preparación combativa, es sangre que se ahorra en el combate».