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Tomado de: La Pupila Insomne

Trump encabezará una administración ultraderechista, racista, homofóbica, misógina y tendrá como divisa América primero. Tenderá a un proteccionismo comercial mucho mayor que el actual, no se limitará a desligarse del TPP sino procurará menoscabar y, si el Congreso lo admite, renegociar, los tratados de “libre” comercio. Su postura es nacionalista de extrema derecha, que busca un beneficio mayor para el capital estadunidense. Incrementará la desigualdad al reducir la irrisoria carga fiscal de los ricos y ya anunció que derogará las regulaciones en materia de extracción de petróleo y gas. Aunque afirme ahora que no abandonará el acuerdo de París y se desdiga en esto y en tantas cosas respecto a sus promesas de campaña, acaba de anunciar que aumentará la quema de combustibles fósiles, convencionales y de esquisto.

Impulsará la reindustrialización de Estados Unidos para beneficiar a las corporaciones interesadas en esta marcha atrás y crear puestos de trabajo para su núcleo duro electoral de blancos no latinos trabajadores de bajos salarios o desempleados. Esto, unido a lo anterior, impactará de modo importante la actual estructura de la economía mundial y provocará el aumento del calentamiento global, justo en una coyuntura en que gran parte de la comunidad científica considera que es necesario hacer una política diametralmente opuesta. Muchos científicos alertan que está encima el punto crítico que marca la última oportunidad para revertir el colapso climático y evitar la extinción de la vida sobre la Tierra. En síntesis, Trump acelera el paso hacia el equivalente a una guerra nuclear en cámara lenta.

No me baso solamente en las declaraciones del Trump candidato, muchas de las cuales, aunque no todas, son pura demagogia, pero analizadas junto a las del ya presidente electo, ofrecen una idea aproximada de cómo piensan y actúan realmente este hombre, sus colaboradores inmediatos, los sectores que representa y muchos de los que ahora se le suman para formar gobierno, no importa que anteriormente lo cuestionaran.

En las últimas dos semanas ha habido varios nombramientos de personas clave en su equipo y el anuncio de sus políticas para los primeros cien días de gobierno que corroboran las anteriores afirmaciones. Ya mencioné a Steffen Bannon, estratega y asesor en jefe, pero vale la pena dedicarle unas líneas. Ex oficial naval, ex ejecutivo ¡de Goldman Sachs! y productor de Hollywood, hasta que en agosto pasó a tener un papel principal en la campaña de Trump, dirigía el portal web Breitbart News, referente y amplificador de las ideas de los partidarios de la supremacía blanca, la misoginia, la homofobia, el racismo, el odio a los migrantes, el antijudaísmo y la islamofobia. Lo más parecido a un nazi. Algunas opiniones que ha expresado o que han servido de títulos en la web que dirigía: “Abolir la esclavitud fue una mala idea”, “La píldora anticonceptiva hace que las mujeres dejen de ser atractivas y se vuelvan locas”, “Ninguna de las personas involucradas en la estafa del calentamiento global merecen la más mínima pizca de respeto…”, “¿Preferirías que tu hijo fuera afeminado o que tuviera cáncer?”.

Otro caso esclarecedor es el del senador Jeff Sessions, nuevo Secretario de Justicia(Procurador General). Rechazado por racista para un puesto de juez federal durante el gobierno de Reagan, su conducta en este tema y en el rechazo a los inmigrantes ha motivado críticas hasta de sus colegas republicanos. Su historia de votaciones en el Senado lo ubica en la extrema derecha en casi todos los asuntos. Siempre se ha opuesto a las iniciativas para flexibilizar el bloqueo y adversa la normalización de relaciones con Cuba, al igual que Mauricio Claver Carone, miembro del equipo de transición.

La administración entrante será, además, muy corrupta, pues Trump posee alrededor de 500 firmas corporativas en el mundo, que según ha explicado Reince Priebius, designado secretario general de la Casa Blanca, quedarán en manos de sus hijos. Algo sin precedente y que conducirá a un nepotismo y tráfico de influencias comparables a los de la monarquía saudita. La política, nada menos que de Estados Unidos, al servicio de un emporio familiar.  No defenderé a la Fundación Clinton, pero al lado de esto sus trapicheos se antojan un juego de niños.

No creo que cambie la política seguida por Obama en América Latina y el Caribe contra los gobiernos revolucionarios y progresistas ni en cuanto al uso de la zanahoria y el garrote.