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Josu Villalabeitia/Mundo Deportivo

Perdón, Fidel, por jugar con tu lema más famoso. Pero si hubieras conocido el Athletic hubieras sido rojiblanco a muerte. Y es que el Athletic y Cuba siempre han estado cercanos, por muchos kilómetros de océano que hubiera entre ambos. Rojiblancos y caribeños son como dos islas en medio de un vasto mar bravo.

Unos, frente al despotismo de los grandes del fútbol y sus plantillas sobredimensionadas basadas en el euro. Los otros, dándose de cabezazos contra el imperio del dólar. “Capitalismo, amigo”, que podría añadir Caparrós . El Athletic sobrevive acosado a 120 largos años de historia, sin dejar de competir. En la isla, malviven por culpa de un injusto bloqueo desde que apostaron por la Revolución. Y ya sé que ni en un sitio ni en el otro todo se ha hecho bien. Pero la base inicial es buena. Filosofía e ideales.

En nuestra costa, los barcos de bajura siempre tienen en uno de sus mástiles la bandera rojiblanca, renovada cada año con puntualidad, y en muchos, luce junto a ella otra con el icónico perfil del Ché Guevara, negro sobre rojo. Hermanos en la lucha. Quizá los armadores no estén demasiado de acuerdo con las ideas revolucionarias del mítico guerrillero, pero la tropa de la marinería creo que sería incapaz de aguantar las condiciones de su trabajo sin la presencia a su lado, sobre la cubierta, del argentino de ascendencia vasca más universal. No estaría mal una bandera del Ché protegiendo a nuestros futbolistas en el vestuario local de San Mamés: imprimiría carácter.

Nos tienen envidia

Ha sido curioso, el indomable Fidel, el eterno Fidel de interminables discursos, el azote del capitalismo y del consumismo, ha fallecido mientras aquí celebrábamos esa tontería del Black Friday; una especie de fiesta del gasto destinada a subir la moral de algunos mientras mengua el bolsillo de otros. Colonización americana, diría el comandante salido del Granma hace casi 60 años. Pues sí, como la que se vive en el fútbol, aunque en este caso sea una globalización mundial, un colonialismo del dinero y del negocio por encima del deporte.

“Condenadme, no importa, la historia me absolverá”, exclamó ufano Castro, sin saber muy bien aún quién escribiría esa historia. Lo harán los de siempre, y le acusarán de más cosas de las que ha sido culpable. Como al Athletic, al que acusan fuera de nuestras fronteras de no ganar títulos, de no ser ya competitivo, de no estar con los tiempos, de jugar al patadón, de qué sé yo…

Que hablen de nosotros, aunque sea mal. Quizá es que nos tienen envidia. Como la que todos tenemos de esas playas caribeñas, de esa alegría de sus gentes, de su música y su son. Ya no hay puros cubanos a la vista en San Mamés, ni nunca escucharemos más discursos de Fidel.

Pero ambos estarán muy vivos en nuestras memorias. Le daban un toque especial a la vida. El comandante asaltó el cuartel de Moncada y nuestro Athletic conquistó finales y campeonatos durante décadas. “Si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; si entramos, triunfamos”. Y así fue, vencieron a Batista . Lo mismo podría aplicarse al fútbol, y ganar a Barça y a Madrid, nuestros ‘dictadorzuelos’.

“Qué tiene Fidel que los americanos no pueden con él”, cantaban los cubanos por el malecón de La Habana en las manifestaciones anti yanquis. Ha caído el último diplodocus de la política internacional del siglo XX. El Athletic pervive con sus once aldeanos. Somos indestructibles. Hasta la victoria final, comandante.