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Por Omar Pérez Salomón

Este 28 de noviembre se inició en toda Cuba el homenaje del pueblo al líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz. Entre sensaciones de dolor y tristeza, un silencio especial en casas, centros laborales, estudiantiles y en las calles, han transcurrido estos días para los cubanos. He visto a los estudiantes de la universidad de La Habana en guardia de honor para honrar a su maestro más querido, a niños y adolescentes interesados en conocer más sobre la historia de Cuba y las proezas de Fidel, a un Elián González crecido en edad y madurez política expresar que le debe al Comandante ser hoy un joven revolucionario empeñado en el mejoramiento de nuestro socialismo.

Un amigo me decía que nada será igual en Cuba después del 25 de noviembre de 2016, y creo que tiene razón. Los jóvenes cubanos tomaron las calles para rendir tributo póstumo a Fidel e hicieron suyo el concepto de Revolución, mostrando que están dispuestos a continuar la obra y el pensamiento de Fidel con un espíritu revolucionario y renovador junto al pueblo.

Me viene a la mente la acción del joven combatiente Eduardo García Delgado, que en la madrugada del 15 de abril de 1961 durante el bombardeo a varios aeropuertos del país, preludio de la invasión mercenaria por Playa Girón, es alcanzado por la metralla enemiga y antes de morir escribió con su propia sangre, FIDEL, expresión del respeto y cariño que sentía por su máximo líder  y constancia para la historia del sentimiento que hasta hoy mueve a los cubanos a entregar sus vidas si fuera necesario por esta Revolución.

Hoy están visibles en las calles de toda Cuba muchos Eduardo García, como garantía de la continuidad histórica de nuestro proceso revolucionario. En el futuro tenemos el reto de mantener la unidad en torno al Partido y el liderazgo de Raúl, avanzar en el desarrollo económico y social, inculcar en las nuevas generaciones la lealtad a los principios y continuar pensando en sueños que algún día serán realidades.

Recordemos al poeta nacional, Nicolás Guillén, cuando conmovido por la acción de Eduardo García le dedicó el poema titulado, La sangre numerosa.

“Cuando con sangre escribe
FIDEL, este soldado que por la Patria muere,
no digáis miserere:
esa sangre es el símbolo de la Patria que vive
Cuando su voz en pena
lengua para expresarse parece que no halla,
no digáis que se calla,
pues en la lengua pura de la Patria resuena.
Cuando su cuerpo baja
exánime a la tierra que la cubre ambiciosa,
no digáis que reposa,
pues por la Patria en pie resplandece y trabaja.
Ya nadie habrá que pueda
parar su corazón unido y repartido.
No digáis que se ha ido:
su sangre numerosa junto a la Patria queda”.