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Palabras del Comandante Daniel Ortega Saavedra, presidente de la República de Nicaragua.

¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!”) ¿Dónde está Fidel? (Exclamaciones de: “¡Aquí!” Y de: “¡Yo soy Fidel!” “¡Yo soy Fidel!”)

Duele, claro que duele ese tránsito, tránsito a la inmortalidad (Aplausos). Fidel está en estos muchachos y muchachas, en esta juventud (Aplausos), viene creciendo con los niños. Fidel está en la conciencia y en el corazón de las mujeres cubanas (Aplausos), de los obreros, de los agricultores, de los técnicos, profesionales, científicos; está en la conciencia de ese gigantesco capital humano que forjó Fidel con el pueblo de Cuba (Aplausos).

En esta Plaza tuve el privilegio —y digo “gracias a la vida que me ha dado tanto”— en el año 1967, vine por el Frente Sandinista al IV Congreso Latinoamericano de Estudiantes, la OCLAE (Aplausos), y la gran sorpresa, no lo esperábamos, nos invitaron a esta Plaza y nos sentaron en la tribuna a pocos metros de Fidel. ¿Y quién acompañaba a Fidel en ese momento como invitado de honor? Salvador Allende, el presidente, héroe de Nuestra América (Aplausos). Claro, habló Allende y luego habló Fidel, y entonces Fidel que estaba más convencido que nadie que el camino para la liberación pasaba por la lucha armada revolucionaria, le estaba dando todo su apoyo a un luchador socialista, el doctor Salvador Allende, compañero, que en esos días más duros de la siembra estaba apostando por la vía pacífica para la toma del poder, y Fidel no dudó en apoyarlo.

Ya conocemos la historia, tiempos terribles, en ese largo período de dolor de Nuestra América en el siglo XX, donde todas las batallas que se venían librando en Nuestra América arrojaban el heroísmo, la combatividad, la dignidad de los pueblos; pero qué difícil era alcanzar la victoria.

Fidel con Raúl, con los 82 combatientes que se embarcaron allá en México, y luego con la conciencia de este pueblo, produjo el milagro de la primera Revolución Socialista en Nuestra América (Aplausos) y a 90 millas de Estados Unidos se produjo el milagro.

Y nuevamente la batalla del pueblo de Cuba con Fidel a la cabeza, la batalla para garantizar no solamente la sobrevivencia de la Revolución, sino también el desarrollo económico, social, cultural y deportivo del pueblo de Cuba, porque Fidel no dejaba un solo espacio descuidado en todos los campos.

Fue una batalla desigual: el imperio invadiendo, intentando asesinar e imponiendo ese bloqueo criminal, que no es más que un acto que se califica como un crimen de lesa humanidad, es un crimen de lesa humanidad, que debería estar siendo juzgado por la famosa Corte Penal Internacional (Aplausos), defendiendo el derecho de Cuba a desarrollarse; pero no en medio de la ley de la selva que impone el capitalismo salvaje, sino promoviendo esos principios que Marx con profundo espíritu humanista propuso para lograr que el paraíso se construyera aquí en la Tierra, en lugar de tranzar con dinero —decía Marx—, llegará el día y llegará el momento en que vamos a tranzar con amor. Cuando prevalecen los valores, cuando prevalecen los principios, cuando prevalece la conciencia, cuando se produce la transformación en ese hombre nuevo, así lo apuntaba Marx, y así fue sentando las bases Fidel.

Es cierto: Hay camino que recorrer para completar esa obra, no solamente en Cuba, sino en nuestro planeta. Y batallando por el desarrollo de Cuba, frente a las amenazas del imperio, frente a las agresiones del imperio, Cuba dándose por entero a todos los pueblos de nuestro planeta, incluyendo al pueblo norteamericano (Aplausos).

Fidel estableció ese principio, ese principio cristiano, y ahí recuerdo a Raúl, cuando el huracán Juana entró a Nicaragua con una fuerza de 285 kilómetros de viento, destruyendo pueblos enteros. Y con nuestras capacidades y con la colaboración de Cuba, que tenía una enorme experiencia en el enfrentamiento de los huracanes, desplazamos miles y miles de hermanos nicaragüenses en varias direcciones, y esto evitó que hubiese muertos, porque decíamos: se puede perder lo material, pero lo material luego se puede recuperar; lo que no se debe perder es la vida (Aplausos), y eso lo logramos con la colaboración de los hermanos cubanos que nos envió Fidel allá en brigadas, especialistas, que compartíamos allá en el puesto de mando, frente a lo que es un fenómeno para nosotros no tan común y con una fuerza tan grande que cruzó todo el país y destruyó el país entero.

Y luego, ahí viene mi recuerdo de ese profundo pensamiento cristiano de Fidel y de Raúl: manda Fidel a Raúl a Nicaragua después del huracán; llegó Raúl para ayudarnos a reconstruir, y no se me olvida esa frase de Raúl, cuando dijo allá en Managua: Nosotros estamos para compartir el pan (Aplausos y exclamaciones de: “¡Viva Raúl!”). Esa es la esencia, los valores, la ética, la moral de Fidel hecha pueblo y multiplicada luego en los pueblos del mundo, en los pueblos de nuestro planeta (Aplausos). Porque así como Fidel hoy está más firme que nunca aquí en el corazón de este pueblo, también está más firme que nunca en el corazón de los pueblos latinoamericanos y caribeños, en el corazón de los pueblos de Asia, de África y en el corazón de buena parte del pueblo norteamericano, de buena parte de los pueblos europeos que, en estos nuevos tiempos, y como bien con esa firmeza y sabiduría lo supo definir Fidel, entendiendo los cambios de los tiempos, que no es fácil, cómo traducir los cambios de los tiempos cuando se tenía una concepción que luego solo en la mente se repitió en nuestra América en Nicaragua, después de Cuba fue Nicaragua, y fue Fidel y Raúl y este pueblo entrando victorioso el 19 de julio de 1979 allá en Managua (Aplausos). Fue la última revolución triunfante del siglo XX.

Luego vino la desintegración de la Unión Soviética; la Unión Soviética generosa, noble, solidaria y punto de balance en nuestro planeta frente a las amenazas expansionistas del imperialismo. Y vino el período especial, y recuerdo que Fidel me invitó, allá por el año 1991, a Santiago a conmemorar, y luego conversando, y ya trabajando para enfrentar el período especial, con Raúl, con los cuadros de la dirección del Partido de todas las medidas que tendrían que tomar. Pero en todas esas medidas, en todos esos planteamientos que Fidel hacía y practicaba, ahí no existía la palabra un paso atrás, ahí no existía la palabra concesión, ahí no existía la palabra rendición, sino que se trataba de reafirmar este proyecto hermoso, solidario, socialista de afirmarlo, fortalecerlo, ser más creativos y avanzar, como lo ha logrado hacer Cuba, que ese fue un tránsito realmente heroico, una pequeña nación bloqueada, asediada, prácticamente sola en nuestra América; claro, con la solidaridad de los pueblos, pero prácticamente sola librando esa batalla.

Fue desde 1987 o 1988 que empezó ya a producirse la desintegración de la Unión Soviética, hasta aquella fecha también mágica, 1998, y lo que nadie se esperaba, y lo que los revolucionarios habíamos soñado por años, y es que se produjese una revolución en un país latinoamericano, caribeño, con más desarrollo económico, con más fortaleza que la que tenía Cuba y que la que tenía Nicaragua. ¡Cómo soñábamos! Y allí, en esos momentos, verdaderamente difíciles, dramáticos, cuando desde los años 1987, 1988, 1989 venían ya los fariseos anunciando el fin de la Revolución Cubana, 1988. Y digo yo, no son casualidades, era Fidel, antes de 1998… (Maduro le dice que el 4 de febrero de 1992, la parte armada. Primero fue el levantamiento el 4 de febrero de 1992, fue un momento que fue ya de terrible masacre del pueblo, que se conoció como el Caracazo, y allá irrumpió Chávez; pero luego la cárcel, y el tiempo corría, y parecía que aquello ya se había frustrado. Pero Fidel, con esa visión, con esa sabiduría, bueno, invitó al Comandante Chávez aquí a La Habana, estaba aquí en La Habana, en diciembre de 1994, cuando ya él había salido de la cárcel. No estaba aquí en La Habana. De pronto me avisan que Fidel me manda a buscar porque tenemos un acto allá en la Plaza Bolívar de La Habana Vieja. ¿Y con quién me encuentro? Con el Comandante Hugo Rafael Chávez Frías (Aplausos). Vino la batalla de Chávez, y vino la batalla de Chávez planteándose el camino que se había planteado Allende, y Fidel no titubeó en darle su respaldo, confiar en lo que le decía su sabiduría a Chávez que conocía bien a su pueblo, y finalmente la victoria por la vía electoral de la Revolución Bolivariana en las elecciones de 1998 y la toma del poder en enero de 1999 (Aplausos); pero está claro, a Chávez le intentaron también hacer lo que le hicieron a Allende, porque las elecciones son buenas, son justas, son democráticas cuando ganan las derechas proimperialistas y serviles; pero cuando las ganan los revolucionarios, entonces no son justas, no son democráticas y hay que hacerle la guerra, como se la hicieron a Allende, como se la hicieron a Chávez, como se la hacen hoy a Nicolás (Aplausos).

Y estamos viviendo un nuevo tiempo en nuestra América. En medio de una correlación de fuerzas que, digamos, se ha debilitado, se logró instalar con la Revolución Bolivariana un cambio profundo en nuestra región, y vino el ALBA, obra de Fidel y Chávez, y vino PETROCARIBE, obra de Fidel y Chávez (Aplausos), y vino la Misión Milagros, para que los que no podían ver pudiesen ver, obra de Fidel y Chávez (Aplausos).

Y empezaron a producirse cambios por la vía electoral en toda la región, y esto permitió, bajo esa fuerza de los pueblos, y la firmeza de todos los gobiernos independientemente de su ideología que se concretara el sueño de Bolívar con la Comunidad de los Estados Latinoamericanos y Caribeños, se hizo realidad (Aplausos). Primero la sede fue en Caracas, con Chávez, y luego, fue Chile, y luego fue Cuba, con Raúl presidiendo la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños; es decir, nació, nació lo que el imperio se había empeñado en dividir para dominar mejor. Finalmente nació y está viva y, es cierto, que en este nuevo período ha habido reveses, pero el cambio que ya se produjo en América Latina y el Caribe es cualitativo, es irreversible y no habrá amenazas, ¡no habrá amenazas! (Aplausos), ni sanciones, ni bloqueo que vengan a destruir esta unidad latinoamericana y caribeña que de por sí, ya significa una nueva actitud, una nueva bandera de independencia, de soberanía para los pueblos de nuestra América y el Caribe (Aplausos).

Yo le pido a Dios, le pido a Cristo que nos mantenga bien cerca a Fidel, con su sabiduría y con su firmeza en estos momentos en que tocan tambores de guerra. ¡Sabiduría y firmeza! ¿Para qué?, para que juntos los latinoamericanos y caribeños logremos seguir defendiendo el derecho a la paz, a la estabilidad, a la seguridad de nuestros pueblos.

Hoy más que nunca la unidad latinoamericana y caribeña se hace imprescindible, más allá de las ideologías, porque se trata de salvar el futuro de bienestar, de progreso de nuestros pueblos; se trata de salvar la soberanía de nuestros pueblos; se trata de salvar todo aquello que hemos logrado avanzar en todos los campos. Es cierto, no podemos hablar que se ha avanzado de forma totalmente satisfactoria en el campo económico, en el campo social, en el campo del comercio internacional, etcétera; pero se ha avanzado, y tenemos que salvar eso que hemos logrado avanzar, y tenemos que lograr unidos latinoamericanos y caribeños persuadir a los gobernantes norteamericanos, y estoy seguro de que tendremos ahí el entendimiento, el respaldo del pueblo norteamericano, que hacia atrás ya no se puede caminar, solo hacia adelante, a seguir construyendo paz, amistad y solidaridad (Aplausos).

A Raúl, a Dalia, a toda la familia de Fidel y a toda esta gran familia que es el pueblo de Cuba, familia de Fidel les quiero manifestar todo nuestro amor, amor infinito, sin claudicaciones y con toda la solidaridad para este pueblo heroico, para este pueblo valiente que estamos seguro de que seguirá defendiendo las ideas de Fidel (Aplausos).

¡Que viva el pueblo de Cuba! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)

¡Que viva el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz! (Exclamaciones de: “¡Viva!”)