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Javier Larraín*

Tomado de: Cambio

Desde hace unas semanas que la República del Ecuador, con sus poco más de 15 millones de habitantes, ha pasado a ocupar un lugar privilegiado en la agenda de periodistas y analistas políticos de todas las latitudes, lenguas e ideologías. Y es que resulta innegable que la segunda vuelta de las presidenciales, que se efectuará el domingo 2 de abril, pone de manifiesto la polarización política por la que atraviesa América Latina y el Caribe desde hace un año y medio.

En efecto, las candidaturas de Lenín Moreno (Alianza País) y Guillermo Lasso (CREO) encarnan aquella polarización y no dejan espacio para terceros discursos: o se consolida una revolución indiscutiblemente progresista o se retrotrae la historia nacional a partir de la reemergencia de un proyecto restaurador y neoconservador de corte neoliberal.

19 F: un voto de confianza a la Revolución Ciudadana 
Cuatro días tardó el Consejo Nacional Electoral (CNE) de Ecuador en emitir el boletín con los resultados definitivos de la primera vuelta en las presidenciales, que confirmó una abrumadora victoria, con más de un millón de votos de diferencia frente a su principal adversario, del binomio oficialista Lenín Moreno – Jorge Glas.

En realidad, más allá de que el candidato de Alianza País haya obtenido el 39,36% de las preferencias, faltándole solo un 0.64% para alcanzar el triunfo en primera vuelta, lo que para algunos analistas representa un franco retroceso respecto al 57,17% alcanzado por Rafael Correa en 2013, las cifras son contundentes: primera mayoría en 15 de las 24 capitales de provincia (incluidas las populosas ciudades de Quito, Guayaquil y Cuenca), primacía en la costa y voto en el exterior (este último representa el 2,92% del padrón electoral).

También el binomio correísta supo conquistar la mayor parte del voto femenino en un país donde las mujeres, además de ausentarse menos que los hombres en el momento de asistir a las urnas, constituyen el 50,19% del universo electoral.

Pero, claro, algo pasó para que los candidatos opositores Guillermo Lasso, líder de la coalición CREO, y Cynthia Viteri del Partido Social Cristiano (PSC), canalizaran parte importante del caudal de votos obteniendo respectivamente un 28,09% y 16,32% de las preferencias. Lasso, que se medirá con Lenín en la segunda vuelta, logró imponerse en la Sierra Central, amazonia y en el sur del país; también fue escogido por las poblaciones indígenas y por comerciantes y pequeños industriales que, al decir del analista Santiago Basabe, ven un peligro en el estatismo de la Revolución Ciudadana, como podría ser el caso de la provincia de Tungurahua.

El Sí o el No del porvenir
En la República del Ecuador, como en la gran mayoría de los países de América Latina, días previos a cualquier tipo de comicios, las empresas privadas de encuestas tratan de recibir lo que dicen y piensan las personas en las calles, en el trabajo y en sus casas; por supuesto que con la finalidad de incidir, al final de la jornada, en la opinión de los indecisos, que actualmente ascienden a un nutrido y decisivo 12%, esto sin considerar que el 18,37% de los sufragantes se ausentó en la primera vuelta; fenómeno que ocurrió del mismo modo con los votantes en el exterior, donde apenas depositaron sus papeletas el 37% de los inscritos.

Pero en el tsunami de datos arrojados por las encuestadoras en los últimos días, salvo excepciones, todos dan por ganador a Lenín Moreno. Por ejemplo, la encuesta de Perfiles de Opinión, dada a conocer el 11 de marzo, divulgó los siguientes resultados: 51,02% de votos a favor de Moreno contra un 35,53% de Lasso (el 13,45% votaría blanco o anularía); el espacio muestral abarcó 23 de las 24 provincias, fueron encuestadas 6 mil personas mayores de 16 años, de las cuales el 87%, además, dijo tener definido su voto.

También, a comienzos de semana, la Encuesta Diagnóstico hizo público su más reciente estudio, donde el guarismo en las presidenciales sería: 48,36% de las preferencias para el candidato de Alianza País y un 35,70% para el candidato de CREO (el 8,42% votaría blanco o anularía); en esta ocasión el espacio muestral se realizó en las más importantes provincias del país, donde fueron interrogadas 3.226 personas, destacando la amplia distancia que se obtiene por Moreno en Quito y Cuenca.

Como vemos, pese a la campaña del terror desatada por el derechismo nativo ecuatoriano, y algunos cuanto menos cuestionables eslogan de movimientos indígenas y partidos de izquierda que al calor de “Fuera, Correa, Fuera” llaman abiertamente a marcar una crucecita en la opción neoliberal, la brecha entre Moreno y Lasso no parece ir acortándose, al contrario, se ensancha a días de la fiesta electoral. Parece que se han asustado los ecuatorianos al ver tan encimita suyo un proyecto como el de CREO, igual de oscuro, tenebroso y demoledor que el de Macri en Argentina y Temer en Brasil.

El ‘Día D’ 
Los proyectos en pugna en el Ecuador rebasan lo estrictamente político, ese típico cuoteo de banquillos que se da en países donde prima el neoliberalismo —como Chile, Colombia, México o Perú— para trascender al orden social y económico y, por ello, a las relaciones de explotación que se dan en el país: económicas, raciales, de género, territoriales, etc.

Como demuestra el docente e investigador del Instituto de Altos Estudios Nacionales de Ecuador(IAEN) Fernando Casado en su artículo Elecciones en Ecuador y los escenarios posibles, publicado por Correo del Alba Nº 60, los logros sociales alcanzados por la Revolución Ciudadana son plausibles: reducción de la pobreza en 1,5 millones de habitantes, reducción de la brecha de ingresos entre el decil más rico y el decil más pobre del 43,4 al 24,3, reducción de la desigualdad —atendiendo al índice de Gini— en 8 puntos (cifra única en la región), entre otros.

Igualmente, el director de la prestigiosa publicación Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, en su artículo Ecuador, la batalla decisiva, profundiza en el desempeño de la administración Correa e indica que en una década la clase media “pasó del 29% al 47% de la población”. También recalca, por ejemplo, las conquistas en el área de salud, donde se pasó de 16 millones a 30 millones de atenciones médicas al año y, al mismo tiempo, los fecundos alcances de las políticas de inclusión social para personas con discapacidades, las que alcanzan un “récord mundial: hace una década solo trabajaban 1.039 discapacitados; ahora laboran más de 80 mil, con todos los derechos que les corresponden, y 70 mil de ellos estudian”.

En el argot militar, el ‘Día D’ supone el instante y escenario preciso para perpetrar una operación de alcances estratégicos. El 2 de abril los ecuatorianos decidirán si continúan adelante con un proyecto país que ha tributado un mejoramiento en su calidad de vida o derechamente tiran lo hasta ahora hecho al tacho de la basura para desengañarse prontamente del discurso esperanzador de un empresario-candidato que, a lo largo de toda su trayectoria política y laboral, aprovechó cada coyuntura de crisis estatal para beneficio de su persona y de su clase, postergando el bienestar de las grandes mayorías. ¡El pueblo tiene la palabra!

*Editor general de la revista Correo del Alba.

 

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