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Un joven estudiante de Medicina y su hermano pequeño preparan la maleta de su madre, enfermera de profesión y guardiana de la vida. No hay mucho que esperar: en dos horas debe estar lista para partir de Guantánamo a La Habana, y de ahí a Perú, donde hijos de esa tierra recibieron los embates de las fuertes lluvias.

Minutos antes, de camino a su casa después de una guardia agotadora, ella recibió la noticia: «Se había activado el contingente Henry Reeve y yo había sido escogida para incorporarme a esa brigada. A las diez de la noche teníamos que estar montados en la guagua. En dos horas estaba lista. Sin pensarlo dos veces llegué a mi casa y mis hijos me ayudaron a empacar».

Su nombre es Magda Enis Noblet y, con el mismo orgullo que habla del apoyo de la familia, dice que es «un gran regocijo representar por primera vez a Cuba en una misión de este tipo».

La brigada Henry Reeve, para ella, significó la consumación de un sueño, «una oportunidad única», y la forma más elocuente de seguir «el ejemplo del Comandante en la defensa de los principios de nuestra Revolución». «Creo que no hay ninguna otra nación del mundo que tan rápido active una brigada médica para brindar ayuda a otro país», asegura convencida.

Por esa certeza, no tuvo miedo, y junto a otras nueve mujeres y 13 hombres que ya se encuentran en la hermana nación, ejercerá el arte de ser mejor, de demostrar el valor de la conciencia y de ofrecer vida, como diría el artífice de la solidaridad cubana y el contingente Henry Reeve, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz.

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Es la noche del jueves 30 de marzo en la Unidad Central de Cooperación Médica. Tanto en el rostro de Magda y en el del resto de los colaboradores que partirán específicamente a la zona de Piura, como en el del ministro de Salud Pública Roberto Morales, que ha ido a despedirlos… se percibe seguridad, apremio por el cumplimiento de la misión.

Es el caso de Rolando Piloto, al frente de la brigada, quien comenta a la prensa la estructura del equipo que lidera. La brigada está integrada por 12 médicos, diez licenciados en Enfermería y Epidemiología y un administrativo. «Tenemos el encargo de mitigar los daños del desastre en la población en las zonas afectadas por las inundaciones».

«Trataremos en la medida de nuestras posibilidades y con nuestros esfuerzos de evitar una epidemia; las enfermedades de transmisión vectorial, como el dengue, el chikungunya; y algunas de transmisión digestiva, producto de la contaminación del agua».

El 60 % de los colaboradores que asistirán –explica– tiene más de dos misiones internacionalistas, más de diez años de experiencia. Muchos de ellos han estado en Haití, combatiendo el ébola en el África Occidental, y recientemente cuando el ciclón Matthew afectó el territorio más oriental del país.

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Para Ricardo Martínez Yiso, clínico intensivista del hospital Frank País, en la capital, esta será la quinta misión internacionalista. Y a pesar de su experiencia, partir de Cuba siempre implica «sentirse triste». No obstante, salvar vidas es lo más importante, esa es la razón de ser de todo médico –sostiene– y nada hay que provea de una satisfacción más grande.

Con conocimiento de causa, subraya que en la región a la que se dirigen les esperan grandes inundaciones, desbordamiento de ríos… Pero nada de eso lo amilana. «Simple y llanamente estás cumpliendo con el deber. Por eso nuestra principal tarea es regresar vivos, sanos y con la misión cumplida».

Dar el paso al frente por las personas que lo necesitan es más que un gesto en el caso de Bárbara Solis Turcás, especialista de Medicina General Integral en La Habana, quien ya ha estado en Venezuela y Brasil. «Con la experiencia que hemos tenido de otras misiones, vamos a hacer nuestro mayor esfuerzo para atender a todo el que lo necesite, y también a aprender y transmitir esos nuevos conocimientos a las demás profesionales a nuestro regreso», admite con modestia.

Falta poco para el momento de la despedida. En unas horas los galenos se dirigirán a la terminal 5 del Aeropuerto Internacional José Martí. Para cuando sus familiares tengan en sus manos este periódico, ellos estarán salvando vidas. Y lo harán –como diría el doctor Leonardo Sarvá Navarro, especialista en Higiene y Epidemiología– con ese orgullo de ser cubano, de representar a nuestro país en la Medicina, que es también representarlo en su lucha por salvaguardar el destino de la humanidad.

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