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El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, hace flamear la bandera de esa nación frente a su pueblo.

Vicky Peláez

El gobierno de Nicolás Maduro frustró el tercer intento de golpe de Estado en Venezuela en los últimos cuatro meses.

Esta vez, el intento de golpe de Estado venía promovido por las corporaciones mediáticas, la coalición opositora Mesa de Unidad Democrática (MUD), y articulado y ejecutado por el Pentágono en alianza con la Organización de Estados Americanos (OEA). Ahora utilizaron dos pretextos: primero, el choque de dos poderes representados por el Tribunal Supremo de Justicia y la Asamblea Nacional, y segundo, el otorgamiento de los contratos petroleros a la corporación estatal rusa Rosneft en vez de las corporaciones norteamericanas.

Los tres intentos de golpe: el primero, el juicio político contra el presidente legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, se inició el 25 de octubre de 2016; el segundo, el acuerdo de abandono del cargo por parte del Presidente fue puesto en marcha el 9 de enero de 2017, y el reciente golpe, la aplicación de la carta democrática de la OEA contra Venezuela fue lanzada el 21 de marzo. Todos fueron orquestados por el Departamento de Defensa norteamericano, de acuerdo con el plan ‘Operación Venezuela Freedom-2’. Este plan fue firmado por el jefe del Comando Sur, el almirante Kurt W. Tidd, el 25 de febrero de 2016.

Lo nuevo de esta operación consiste en la participación del secretario general de la OEA, Luis Almagro, en el ‘Desarrollo de la Fase 2’ (Párrafo H). El documento asegura que “en el plano internacional hay que insistir en la aplicación de la carta democrática, tal y como lo hemos convenido con Almagro y los expresidentes, encabezado por el exsecretario de la OEA César Gaviria Trujillo, pudiendo contar con algunos nexos con la Alianza Parlamentaria Democrática de América a quienes hemos sumado a la campaña en desarrollo”.

Resulta que el Pentágono está justificando el desmantelamiento del chavismo, usando pretextos absolutamente absurdos, como “defender nuestro territorio” (norteamericano), “defender el bien común mundial (…) frente a las amenazas, como las que presenta el régimen opresivo de Venezuela, y proteger nuestros intereses”.

Para todo esto, el Comando Sur ha planificado para la segunda fase (Tenaza) de la operación, entrenamientos con la Fuerza de Tarea Conjunta Bravo en la base de Palmerola (Honduras). Y también prevé la activación de la Fuerza de Tarea Conjunta Interagencial Sur-Jiafts para actuar rápidamente usando las bases militares de Aruba (Reina Beatriz) y Curazao (Hato Rey).

También para la región central de Venezuela, “donde se concentra el poderío político-militar”, el Pentágono está proyectando usar sus bases militares en Colombia en Arauca, Larandia, Tres Esquinas, Puerto Leguizamo, Florencia y Leticia. Es decir, en la fase 2, el Departamento de Defensa no descarta el uso de sus FFAA.

Mientras tanto, en el actual período inicial de la fase 2, el Pentágono está coordinando “con los factores políticos de la MUD una agenda común que incluye un escenario abrupto que puede combinar acciones callejeras y el empleo dosificado de la violencia armada”.

Los opositores fueron instruidos en utilizar, como pretexto para desatar actos de violencia, los artículos 333 al 350 de la Constitución, que legitiman la rebelión. Todas estas acciones están coordinándolas “el enlace en Venezuela, Tenney Smith, de la Agencia de Inteligencia Militar (DIA), y Rita Buck Rico, de la sección de asuntos políticos, que tienen una tapadera en la Embajada de Caracas y deben ser apoyados con un contingente de la Inteligencia mayor”.

Los actos de violencia tienen que ser combinados, según el documento, con las acciones coordinadas de servicios de Inteligencia, organizaciones no gubernamentales (ONG), diversos medios privados de comunicación, como la SIP, prensa, radio, televisión y redes, y circuitos sociales para debilitar al Gobierno bolivariano.

A la vez, tratar de inaugurar un Estado paralelo encabezado por la Asamblea Nacional (AN) en manos de la oposición. Para hacer todo esto, el Comando Sur aconseja a la MUD tensionar el Poder Judicial, desacreditar sus resoluciones, obligar al Gobierno a tomar medidas excepcionales para usarlas y justificar la intervención.

A nivel internacional, además del Pentágono, están participando activamente en la Operación Venezuela Freedom-2, aportando finanzas a la oposición venezolana, los partidos españoles PSOE, PP, Ciudadanos, PNV, Convergencia de Cataluña y muchos otros. También la oposición recibe constantemente el apoyo propagandístico de los expresidentes José María Aznar, Felipe González, César Gaviria, Álvaro Uribe, Ricardo Lagos. A la vez, los gobernantes de Argentina, México, Colombia, Brasil y Perú están cumpliendo al pie de la letra todas las instrucciones del Gobierno de EEUU para dar un apoyo incondicional al secretario general de la OEA, Luis Almagro, para hacer caer al Gobierno bolivariano.

Dentro de Venezuela
Para los auspiciadores de los intentos de golpe de Estado en Venezuela, cualquier pretexto es válido. Así, en la última intentona se valieron de la decisión del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), usando la Constitución, de suspender temporalmente la AN debido al desacato desde el 5 de enero de 2016, luego de juramentar a tres diputados del estado Amazonas impugnados por la justicia por las irregularidades en su elección.

A pesar de que el presidente Maduro no tuvo nada que ver en esta decisión del TSJ, esta medida fue calificada por la oposición como un “golpe de Estado” o el “autogolpe”, afirmando que “Maduro disolvió el Congreso”. Los medios de comunicación globalizados, tanto nacionales como internacionales, y las redes sociales a su disposición, llamaron al pueblo venezolano a salir a la calle a protestar.

Frente a esto, el Presidente bolivariano convocó al Consejo de Defensa de la Nación de Venezuela (CDNV), a la que no asistió la oposición. El CDNV resolvió el conflicto devolviendo el Poder Legislativo a la Asamblea Nacional y llamó a la oposición al diálogo, exhortando a la vez al Parlamento a terminar con el proceso de sabotaje político e institucional contra el Gobierno, que la prensa globalizada ha ocultado, y empezar a trabajar para el bien del país.

Resulta que en 183 días después de estar instalada, la AN aprobó solamente siete leyes dirigidas a crear trabas al Gobierno del país.

Aunque es mucho pedir a la oposición, que tiene el apoyo de Washington, tanto moral como financiero, y la decisión de la derecha internacional unida de seguir el bloqueo económico y el asfixio financiero de la República de Venezuela.

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, reconoció que el problema principal del fracaso de la oposición, a pesar de un generoso apoyo internacional, es la ausencia de la calle en las protestas. “Sin calle, el apoyo internacional no funciona. Y la calle no atendió el llamado a las marchas”, dijo. “El golpe de Estado de Maduro” resultó ser un magnífico montaje desinformativo de la prensa globalizada, siguiendo las pautas del manual ‘El arte de la Inteligencia’, del fundador y primer director de la CIA, Allen W. Dulles (1893-1969). Decía aquel siniestro director que para deshacerse de los gobiernos que no están de acuerdo con EEUU hay que “calumniar y desacreditar a los líderes de estos países y señalarlos como desechos de la sociedad y así crear caos y confusión, y, paralelamente, encontrar aliados y correligionarios en cada país”.

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