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Por R. de los Reyes (Colaborador de Auca)

Después de escuchar algunos de los dislates que el Presidente Donald Trump incluyó en su “carta de felicitación al pueblo cubano”, con motivo del 20 de mayo, no me queda otra que decir que en mi opinión cada cual recibe el asesoramiento que se merece y sus asesores no han leído ni bien ni mal a Martí, lo más posible es que ni sepan quien fue José Martí, o mejor en presente, quien es José Martí y que representa para el pueblo cubano. Me refiero al pueblo que Fidel describió brillantemente en el juicio que contra él orquestó la tiranía batistiana el 16 de octubre de 1953, por su participación en el asalto al Cuartel Moncada de Santiago de Cuba, donde pronunció su alegato de defensa que se conoció posteriormente como “La historia me absolverá”. Ante la pregunta del fiscal sobre quién había sido el autor intelectual del asalto, la respuesta de Fidel fue contundente: “el autor intelectual de esta acción fue José Martí” y esa juventud que se inmoló y los que lograron salvar sus vidas pasaron a la posteridad como “la generación del centenario”, porque en 1953 se conmemoraba el centenario del nacimiento de Martí. Ni los asesores del Presidente y mucho menos el Presidente, conocen estos transcendentales hitos de nuestra historia. Quizás tengan algunas referencias a partir de la información que reciben a través de los que hace rato dejaron de ser cubanos y se regocijan de formar parte de los portaestandartes del anexionismo, que como perritos falderos merodean a los funcionarios norteamericanos.

El asesoramiento brindado a Trump está en correspondencia con las intenciones del imperio. Hubo un cambio de batón en enero. Un Presidente entregó el maletín con los controles del arsenal atómico y otro tomó su lugar; pero como dice aquel bolero cubano de los años 40: “el cuartico está igualito…” y con relación a Cuba los consejeros del nuevo Presidente siguen apostando a lo mismo…con lo mismo. Desde antes de que nuestro país fuera una República independiente el imperio persigue la anexión de Cuba. Solo cambian los métodos y el estilo de trabajo: unos pretendían “freírnos con aceite vegetal y otros “con manteca de cerdo”. Obama “vino, vio, pero ni convenció ni venció”: Ahora Trump dirige sus arengas a los perritos falderos que lo alaban y se desgañitan ladrando para que el nuevo amo acuda a “salvar a Cuba”. Ya han pasado 11 administraciones y llegamos a la docena con este empresario devenido Presidente. Por nuestra parte tenemos muy presente la palabra de Martí cuando pronunció aquella frase lapidaria: “viví en el monstruo y le conozco sus entrañas…”. Sigue siendo el mismo monstruo y las entrañas no han variado “ni tantico así…”. Y ni el empresario transmutado en Presidente, ni sus asesores que confunden “la velocidad con el tocino”, podrán cambiar la historia de Cuba, firme base del futuro que nosotros queremos edificar, simplemente porque “nos da la realísima gana”.

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