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(Pensando Américas-Correo del Orínoco)

Por Mariadela Villanueva

Cuando los elefantes luchan sufre la vegetación. Sabiduría africana

La gran mayoría de los Estados y todos los pueblos del Planeta tenemos un enemigo común: las macro corporaciones financieras, que han mundializando la lucha de clases y sometido a la economía mundial a la lógica del capital.

Corporaciones -disimuladas tras bastidores en las confrontaciones bélicas del siglo pasado y ubicadas en posiciones mucho más visibles en las de este- que se afanan por la sobrevivencia del sistema y por la redefinición de un nuevo modelo de dominación alternativo al Nuevo Orden Económico, fracasado por no haber llegado el anhelado “fin de la historia”.

Corporaciones, en su mayoría estadounidenses que conviven “amistosamente” con sus pares europeas y asiáticas y se enfrentan como elefantes en celo con las surgidas de economías emergentes -China, Rusia, India, Brasil- con el fin de garantizarse el abastecimiento de materias primas, dominar rutas comerciales estratégicas y delimitar zonas geopolíticas de influencia sin controles, restricciones o tributos impuestos por gobiernos considerados deleznables por el gran capital.

¿Cómo pretende la clase dominante mundializada que queden en esta película los Estados-nación y los pueblos que defienden sus culturas y luchan por definir sus destinos y alianzas? Como la vegetación bajo de las patas de los elefantes. Doblegados, arrasados, inexistentes de ser posible.

Pero las amenazas y las confrontaciones no garantizan dominio. El enemigo común que pretende doblegar la población mundial “útil” y exterminar a la sobrante, contrario a su propósito, ha logrado unir en causa defensiva solidaria a paquidermos menores, a gobernantes y a pueblos de países atacados o amenazados.

En nuestro caso, nos ha ayudado a cimentar alianzas bilaterales, regionales y multilaterales con países que, conociendo mucho o poco al nuestro y estando o no de acuerdo con el proyecto bolivariano, nos defienden porque les conviene económica y geopolíticamente o porque saben que lo que le ocurra a Venezuela puede igualmente sucederles a ellos.

En ese mismo orden, el enemigo común ha logrado que pueblos, cada vez más conscientes de su sometimiento al gran capital y sus lacayos, hayan entendido la trascendencia de la resistencia y de las luchas de liberación nacional para la erradicación definitiva del sistema capitalista y su sustitución por uno o más modelos comunitarios de convivencia basados en la armonía entre los seres humanos y con la naturaleza.

De allí la responsabilidad que tenemos todos los venezolanos antiimperialistas de seguir adelante e intensificar nuestras luchas por nuestra independencia, por la transformación profunda de nuestra sociedad y por mantener el control sobre nuestros recursos, especialmente los petroleros y mineros, tan codiciados por los elefantes mayores.

 

 

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