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Por Marco Teruggi

Por tercer día consecutivo la realidad no fue la anunciada por la derecha. Según sus voceros iba a realizarse una masiva movilización en Caracas y todo el país: en los hechos el día transcurrió en una tensa calma que finalizó sin las imágenes esperadas y necesitadas por el plan de la oposición. Apenas algunas trancas en el este de Caracas, sin gente, sin legitimidad para la mayoría, casi desesperadas.

Tres días sin lograr elevar el nivel de confrontación es una derrota para una derecha que se propuso -y así todavía lo dice- impedir las elecciones de hoy domingo. Esta era la semana decisiva y se puede decir que no llegarán como habían declarado una y otra vez durante días y semanas.

La respuesta al porqué de esta situación puede buscarse en varios factores. En primer lugar la pérdida de legitimidad de las acciones violentas: parece existir un rechazo a los métodos de la derecha luego de más de cien días de acciones sediciosas.

En segunda lugar, relacionado con el primero, porque la mayoría de la población concibe que la resolución del conflicto político en Venezuela debe ser a través de mecanismos democráticos, como son, centralmente, las elecciones.

En tercer lugar, el bloque de la derecha parece inmerso en disputas internas debido al desacuerdo en cuanto a cómo continuar. Algunos voceros, como Henri Falcón, lo dejaron ver: las puertas al diálogo con el gobierno no están cerradas. Esta posición genera el rechazo de otros dirigentes y de la gran mayoría de la base social opositora: prometieron salir del gobierno de Nicolás Maduro por la fuerza. Cambiar esa posición generaría un costo político para la dirigencia, una pérdida de credibilidad siempre latente. El problema es que nunca tuvieron la correlación de fuerzas necesaria para lograr ese objetivo ¿Estuvieron administrando una mentira hasta hacerse insostenible y tener que negociar?

Lo cierto es tanto las 48 horas de paro, como la jornada del viernes, mostraron a una derecha que bien podría haberse titulado con la novela de Osvaldo Soriano: triste, solitaria y final.

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