Etiquetas

, , , , , ,

EE.UU-Bloque-financiero-a-Venezuela-300x250

por: Editorial -La Época-

Uno de los principios fundamentales de la Carta de las Naciones Unidas, que fuera luego replicado por organismos de carácter regional en todo el mundo, como es el caso de la Organización de Estados Americanos (OEA), es el principio de la no intervención en asuntos internos de los países miembros. Y éste principio está asociado a otro, el de la autodeterminación de los pueblos a dotarse del sistema político y económico-social que mejor les convenga. De hecho, el numeral 2 del artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas dice 3 “Fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otras medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”.

 También en el numeral 2 del Capítulo I (naturaleza y propósitos) de la OEA se alude claramente en su inciso b) el “promover y consolidar la democracia representativa dentro del respeto al principio de no intervención”. Ni hablar de la Carta Democrática Interamericana que reivindica para los pueblos de América la democracia representativa del que señala sus fundamentos, entre los cuales destacan los más importantes “el acceso al poder y su ejercicio con sujeción al estado de derecho; la celebración de elecciones periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto como expresión de la soberanía del pueblo; el régimen plural de partidos y organizaciones políticas; y la separación e independencia de los poderes públicos”. Obviamente esa última Carta contiene factores intervencionistas que solo se activan con el apoyo de los dos tercios de los estados miembros de la OEA.

 Si uno toma en cuenta que el alcance de esos principios fue adoptado por el mundo al terminar de la Segunda Guerra Mundial, en el marco de una creciente hegemonía estadounidense y por lo tanto de sus valores devenidos universales, lo menos que puede es demandar su pleno cumplimiento de parte de los Estados y gobiernos de corte liberal. Y eso no ocurre.

 Lo que llama la atención, cuando se aprecia la posición política de varios Estados y gobiernos ante la Revolución Bolivariana es la vulneración de esos principios fundamentales y la propia violación de los procedimientos para su activación, como ocurre ahora con la OEA. Resulta cuando menos extraño esa vulneración –pues hasta ahora no se ha logrado los dos tercios-, en un siglo XXI en el que se creía superada la idea del pensamiento único y la intolerancia a la pluralidad política que se registró de manera vergonzosa en la OEA en 1962, cuando se expulsó a Cuba por solo declararse socialista en ejercicio de su independencia política y soberanía económica.

 Y fue eso y no otra cosa (el tema del socialismo) en la década de los 60 y es eso y no otra cosa en esta segunda década del siglo XXI lo que explica el odio y la resistencia violenta que los partidarios del capitalismo despliegan contra Venezuela. Si fuera el tema de la democracia –que es su causa aparente-, no habrían dudado ni un segundo en activar la Carta Democrática Interamericana para sancionar a los autores de los golpes de estado perpetrados contra Fernando Lugo en Paraguay (2012), Manuel Zelaya en Honduras (2009) y Dilma Rousseff en Brasil (2016).

 La amenaza para el capitalismo en Venezuela no es la falta de democracia (los partidos de derecha tienen registro electoral, se reúnen libremente, existen elecciones periódicas y hasta se organizan para subvertir mediante la violencia el orden instituido). Lo que molesta en realidad es que se pretenda consolidar el camino al socialismo que fuera abierto con la conducción de Hugo Chávez. Eso es la causa real y no aparente que explica la furia imperial y de muchos de los gobiernos oligárquicos de la región.