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Por Rolando Prudencio Briancon

¿Hasta cuándo todas las votaciones que se han dado en la ONU -excepto la del año pasado en la que EE.UU., e Israel se abstuvieron- que más de las 190 naciones que conforman la ONU piden que se levante el bloqueo a Cuba; siempre terminan siendo “desoídas” por la misma ONU?

¿Es que acaso se trata de un caso de sordera crónica, causada por el “ataque acústico” de los EE.UU., a la ONU que le impide; incluso escuchando lo que esas más de 190 naciones que le piden -y que le han pedido desde hace cuánto que levante el bloqueo contra Cuba- la ONU que levante el bloqueo, y ésta no las escuche para hacer cumplir esas repetidas resoluciones que cada año se vota, y que se votará nuevamente este 1.11.2017?

Y es que es tan innegable lo impertinente que ha sido el mantener el bloqueo contra Cuba, que según estudios de especialistas de la revolución cubana, sostienen que el 70 % de la población cubana ha crecido y vivido bajo el bloqueo. Realmente más allá de lo inútil e irracional de esta medida, lo único que ha conseguido el bloqueo, es que las nuevas generaciones se adapten a esta realidad, y terminen siendo indiferentes al bloqueo, lo que desde ya la hará más resistente a las adversidades, pues como dice ese resistente refrán: Lo que no te mata, te endurece. Claro que no es lo ecuménicamente ético, pues debe haber igualdad entre las naciones.

Obviamente que no es lo óptimo el que Cuba y los cubanos se adapten; sino que ya es hora de que ésta causa de los cubanos, sea una causa común; más aún si quienes presionan para que los EE.UU., -ojo, no los estadounidenses- vote en contra, son los elementos más descalificados de la sociedad norteamericana, y no todos los norteamericanos; a quien el pueblo cubano respeta, como respeta a todas las demás; sino que sean actores, cuya animadversión hacia Cuba la promueve la mafia cubana americana cuyo senador más recalcitrante y renegado contra la revolución es el senador Marco Rubio, hijo de padres cubanos, vinculados a la régimen de la dictadura de Fulgencio Batista, que después del triunfo de la revolución se instalaron en Miami para agredir desde ahí -como tantos otros- a la revolución cubana.

Enemigos tiene la revolución en todas partes, pues Cuba se enfrentó al imperialismo que prohíja sus detractores por todas p artes. Claro que quien no puede seguir soportando el ataque acústico contra lo que le toca hacer cumplir -como todas las resoluciones que se votan a favor de levantamiento del embargo- es a la ONU que hasta ahora es como dice el refrán: “No hay peor sordo que el que no quiere escuchar”; o parafraseando no hay peor cobarde que el que no se amarra los pantalones.