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mafalda-mirando-al-mundo

Por: Efraín Otaño Gerardo

El perro ladra, la luna
Se revuelve en sus misterios,
Un hombre silba improperios,
Una araña desayuna.
Un niño llora en la cuna
Mientras sus dedos, se muerde,
El semáforo está en verde,
Hay guerra en Afganistán,
Las ilusiones se van
Y la esperanza se pierde.

Sé que enseguida dirás
Que me ataca el pesimismo
Y que ya no soy el mismo
Que veinte años atrás.
Tienes razón, y quizás
Me acuses de majadero,
Inconforme y sutil; pero
Mis principios no denigro
Cuando vislumbro el peligro
Que se filtra en mi sendero.

El Mundo está boca arriba,
El canto surge violento,
Hay tifones en el viento;
Y la pasión, fugitiva.
La brutalidad se activa,
Se une a la droga y al goce,
La incongruencia, una pose
Que te sostiene el sitial,
Y el dinero es el puñal
Que te hiere en cada roce.

Ahora, cuando el sol se antoja
en florecer cada día,
Hay un botón de alegría,
Y una espina de congoja.
Hay una sonrisa coja,
Inválida por la suerte,
Y hay una palabra inerte
Esperando ser escrita,
Y hay una rosa marchita
expectante de la muerte.

Yo no vivo enajenado,
No soy ningún infeliz;
No he perdido mi raíz,
No soy un hombre frustrado.
Pero estoy acorralado
Entre el verso y la indolencia,
Y es tanta la inconsecuencia
Que rodea mis suplicios,
Que abortan los sacrificios
Y se suicida mi esencia.

Sin embargo, seguiré
Abstraído en mi utopía,
Nutriendo mi rebeldía,
Fortificando mi fe.
Siempre el amor buscaré
Entre la ola y la roca,
En la distancia barroca,
En el dolor y las dudas,
Para que no queden mudas
Las palabras en mi boca