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Por Rolando Prudencio*

A poco de celebrarse otro año más de la victoria de la revolución cubana que se celebrará este 1 de enero, y en medio de un periodo de transición que en el plano interno vivirá Cuba por la decisión del presidente Raúl Castro de dejar el gobierno el 2018; como que en el plano internacional las relaciones entre Cuba y los EE.UU., volverán -nunca dejaron de serlo- a ser más contradictorias y antagónicas que nunca.

Desde ya suena contradictorio a la vez que en las relaciones entre ambas naciones se den retrocesos y proyecciones, por cuanto los retrocesos tienden a un intimidador inmovilismo, pues la innovación es una amenaza. Esa es la razón por la que con la actual administración instalada en Washington contradictoriamente se va configurando que el proteccionismo sea su referente reordenador, ya que paradójica y patéticamente lo que en el pasado fue la glorificación de la Globalización, a partir de ahora el proteccionismo es su providencial proyecto.

En cuanto a la relación con Cuba, lo que la administración Trump burdamente ha buscado con el bullicioso caso de los “ataques acústicos”, son los motivos para “montar” un retroceso en las relaciones que hasta antes su predecesor, el presidente Obama había alcanzado el 17 de diciembre del 2014. O sea, los congresistas anticubanos como: Marco Rubio, Mario Díaz Balart, Carlos Curbelio y Ted Cruz, son con quienes la administración Trump tramó la estruendosa estrategia de los ataques acústicos para subir los decibeles para la desestabilización de la Revolución.

Esa es la razón por la que Raúl Castro acaba de afirmar que: “Hemos sido testigos de un serio e irracional deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba debido al recrudecimiento del bloqueo, el regreso a la retórica agresiva e irrespetuosa y la arbitraria aplicación de medidas injustificadas que afectan sensiblemente los vínculos entre los pueblos”. Claro que Cuba soberbiamente ha sorteado la sordera de todos los ataques de los diferentes gobiernos yanquis, que hoy por más “ataque acústico” que insidiosamente inventen para acabar con la Revolución cubana, la cual ha sobrevivido; incluso a la muerte de su propio líder histórico Fidel Castro -quien pidió que no se haga culto a su personalidad- que no con la Normalización de Relaciones, derrotistamente se decía que: “acabó la revolución”.

Así que aun así se venga un nuevo periodo con imprevisibles incógnitas sobre las relaciones entre Cuba y EE.UU.; lo que sí es previsible es que más allá de los retrocesos y proyecciones, es el espíritu revolucionario de los cubanos el que seguirá triunfando; pero además su defensa ya no sólo es una cuestión de Cuba, sino de quienes la defenderemos inspirados en el Internacionalismo que incondicionalmente ha entregado a los demás pueblos.

 *Abogado y Escritor cochabambino