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Tomado de Correo del Alba, no. 71/ www.correodelalba.com

Si somos americanos, somos hermanos señores…

Rolando Alarcón

El intervencionismo de Washington en Latinoamérica una vez más quedó al descubierto con la gira que su secretario de Estado, Rex Tillerson, realizó, desde el pasado 1 de febrero, por cinco países de la región:  México,  Argentina, Perú, Colombia y, finalmente,  Jamaica.

Su agenda estuvo marcada por conseguir alinear a los anfitriones en contra del gobierno de Nicolás Maduro.  La abierta injerencia contra una nación que atraviesa un crítico momento a causa de un  boicot  que ha hecho “chillar la economía” –como hizo Nixon con Chile durante el gobierno de Salvador Allende– va más allá de la Revolución bolivariana. ¿Acaso no es intervencionismo dictar línea a países soberanos para que ataquen a un gobierno legítimamente electo? ¿Fisurar una región que había conseguido implementar sólidos mecanismos de integración como UNASUR y la CELAC?

Latinoamérica parecía caminar con pies propios después de siglos de sometimiento. Tenemos todo para ser soberanos, siempre  y cuando nos unamos. A fin de cuentas, ¿cuánto perjudica a estos cinco países lo que haga o deje de hacer  Maduro en Miraflores?

Ninguno de los países donde hizo parada Tillerson tiene la casa despejada. Vamos por parte.

México ataca inmoralmente a un gobierno bolivariano a partir de la redistribución de la renta petrolera entre su población ha construido dos millones de viviendas sociales, algo sin precedentes en el continente.

El diario El País de España, aludiendo al país azteca, tituló el 8 de febrero: “34 millones de personas habitan en casas construidas con materiales precarios o en espacios tan reducidos que impiden una vida digna”. Es decir, hay más pobres mexicanos que toda la población venezolana. Pero lo más grave son los 114.061 asesinatos que suman dentro de la administración de Peña Nieto hasta octubre pasado. De hecho sólo en 2017 alrededor de 33.000 mil mexicanos fueron muertos y desaparecidos, victimas del narcotráfico, delincuencia común y el terrorismo de Estado, entre ellos 40 periodista. ¿Y qué decir de la oscuridad que hasta ahora se tiende sobre el caso de los 43 estudiantes secuestrados y asesinados en Ayotzinapa? Como dijo alguien alguna vez: “Pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los EE.UU.”.

Las políticas neoliberales no posicionan a la Argentina como un gobierno popular, por el contrario, la aplicación de “paquetazos” al más puro estilo del Consenso de Washington ha llevado a su población a padecer usureras alzas en las cuentas de luz, gas  y transporte, la reducción de la renta de los jubilados en 25%, despidos masivos de empleados fiscales, entre otras.

Macri se ha encargado de criminalizar la protesta y a dirigentes sociales. Así, la comunidad mapuche de Pu Lof, en el sur, denunció al Gobierno de haber “lanzado una verdadera cacería contra el pueblo mapuche y una campaña mediática de difamación verdaderamente sin escrúpulos», seguido de allanamientos, detenidos, operativos con fuerzas especiales que no permiten el paso de la prensa, todo lo cual nos recuerda que fue en esas circunstancias que se produjo la desaparición del joven Santiago Maldonado.

La persecución política toma ribetes internacionales con el apresamiento de Milagro Salas, dirigente indígena de la Tupac Amaru, recluida ya por dos años, sin condena. Y, ¿el corolario represivo final? El violento allanamiento a la sede de las Madres de Plaza de Mayo en Buenos Aires. En fin, resulta cuanto menos vergonzoso el dedillo de Macri apuntando a otros por crímenes que se multiplican diariamente en su propia tierra.

Colombia es otro caso espacial y faltaría espacio para siquiera nombrar los pesares que aquejan a su población, por tanto serán enunciados sólo los más relevantes: falsos positivos, masacres, asesinatos selectivos, desaparecidos, desplazados forzosos, secuestrados, despojo de tierras, la mayor producción de cocaína del mundo, entre otros. Todo aparentemente con la complicidad de la institucionalidad estatal.

Entre 2016 y 2017 la violencia selectiva terminó con la vida de 206 líderes sociales, aumentando las cifras de víctimas en un 30% respecto del  2016, según un informe del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados. De igual forma, este año comenzó con asesinatos de líderes sociales y  dos atentados terroristas con siete policías muertos y una decena de heridos.

Además, el país cafetalero ostenta el indigno título de ser uno de los países de América Latina y el mundo con mayor desigualdad de ingresos. Subió del puesto 11 al 8 en 2017, según estudios del Programa de Naciones Unidas, mientras Venezuela ocupa el número 71.

Pero Juan Manuel Santos se subordina a EE.UU. y con la excusa del “combate a las drogas” continúa en la cesión de territorios a bases norteamericanas, las que ponen en riesgo la paz del subcontinente.

El Perú de Pedro Pablo Kuczynski no es mejor ejemplo de un gobierno preocupado por los derechos humanos, y es que nos basta recordar cómo en diciembre pasado indultó al exdictador Alberto Fujimori, condenado por crímenes de lesa humanidad. Decisión que tira su popularidad por la borda, alcanzando a penas las dos cifras

La economía peruana, envuelta en un modelo neoliberal que privilegia al sector privado, en cuanto a indicadores macroeconómicos le ha ido bien, aunque las consecuencias de un modelo depredador saltan a la vista en el sector de la minería, poniendo al Perú como el país con más conflictos mineros en América Latina, todos a partir de de problemática socio ambientales que ponen a pelear a transnacionales con poblaciones locales empobrecidas.

La situación de la isla de Jamaica no dista de sus antecesores. De habla inglesa y subordinados a la corona británica, tristemente pueden contar entre sus números que 43% de los pobres del país son niños que carecen de suficiente asistencia social y calidad de vida adecuada, los cuales en su inmensa mayoría viven en las calles y deben trabajar para sobrevivir.

La pincelada de temas numerados debería avergonzar a sus mandatarios que prefieren señalar a Maduro como el mal de males, distrayendo las miradas de lo que ocurre en sus propias casas.

Este es en parte el  panorama de los países de América Latina aliados a los EE.UU., los que obedientemente aceptan sus políticas intervencionistas a cambio de ceder territorios a bases militares para atacar y bloquear países hermanos como Venezuela y Cuba.

Luisa López, Socióloga boliviana

@CorreodelAlba

FRASES DESTACADAS “Latinoamérica parecía caminar con pies propios después de siglos de sometimiento. Tenemos todo para ser soberanos, siempre  y cuando nos unamos”