Etiquetas

, , , , ,

 Por Arthur Gonzàlez

Nadie se llame a engaño, las acciones que ejecuta la derecha en América latina contra gobiernos que trabajan por y para el pueblo, con el fin de descabezar los movimientos de izquierda, son lecciones que enseñan cómo actuar cuando se ostenta el poder en defensa de los intereses populares.

La derecha cuando tiene el poder es implacable, no respeta leyes ni derechos humanos, actúa con saña para arrancar de raíz todo lo que los gobiernos de izquierda han hecho por los desposeídos, para que no queden ni recuerdos de tales avances.

Así lo constatamos en Argentina y Brasil, países que sufren de gobiernos neoliberales hechos a la medida de lo que desea Washington, para recuperar su patio trasero e imponer políticas de privatización de la economía, pisoteando los derechos de millones de personas sin importarles los derechos humanos, que solo exigen a los gobiernos de izquierda.

Argentina está pagando el error de haber votado por Mauricio Macri, presidente pro yanqui, quien, desde los primeros días de su mandato, inició el desmantelamiento de todas las medias favorables a los trabajadores, pensionados, estudiantes e incluso contra la lucha llevada a cabo por las valerosas Abuelas de la Plaza de Mayo, para encontrar a sus nietos robados por la dictadura.

Para ese presidente no hay campañas mediáticas ni sanciones de la Unión Europea, la poderosa prensa de Estados Unidos no lo acusa de violar los derechos humanos y países como España, ni se dan por enterados de las medidas antipopulares que ha tomado.

La policía secuestró y asesinó a Santiago Maldonado, pero de ese tema no se habla. Si hubiese sucedido en Cuba o Venezuela otro gallo cantaría y el Comando Sur acuartelado dispuesto a una intervención militar.

Un ejemplo de la enseñanza que ofrece el presidente Macri, es la persecución despiadada que lleva a cabo contra la ex presidenta Cristina Fernández, trabajando hombro con hombro con el sistema judicial para enjuiciarla y encarcelarla, como advertencia de lo que puede sucederle en el futuro a los líderes de izquierda.

Sin embargo, en países como Venezuela que tienen que enfrentar operaciones subversivas, diseñadas y financiadas por Estados Unidos, donde han asesinado a partidarios del gobierno, organizado actos vandálicos contra instituciones estatales y se fabrican planes para ejecutar un golpe de estado, si le exigen al presidente Nicolás Maduro que libere a los responsables de esas violaciones de la ley y le organizan campañas mediáticas para satanizarlo, arrastrando al Parlamento Europeo para imponerle sanciones injustas sin basamentos legales.

Brasil es otra de las muestras notables, solo porque el gobierno del Partido de los Trabajadores llevó a cabo profundos cambios en favor de las clases más pobres del país, además de iniciar programas para llevarle salud y alfabetización a los indios en la profundidad de la amazonia, algo que jamás habían realizado ni realizarán los gobiernos de derecha.

En respuesta, Estados Unidos organizó un golpe de estado a nivel del parlamento, que destituyó a la presidenta constitucional Dilma Rousseff, ante el temor de que se consolidara la izquierda en el coloso de Suramérica, que, sumado a Venezuela, Ecuador y Argentina, ejercían una influencia inaceptable para los yanquis.

Acto seguido, y para impedir el retoño del Partido de los Trabajadores, le fueron encima con toda fuerza al ex presidente Ignacio Lula, para evitar que triunfe en las próximas elecciones, acusándolo sin pruebas, de haber aceptado un apartamento.

De ser encarcelado, Lula será convertido de inmediato en un preso político, aunque ese término la derecha lo tiene reservado exclusivamente para los “disidentes” que ellos fabrican contra los mercenarios que actúan contra los gobiernos de izquierda.

Para que no queden dudas de la manipulación política dirigida desde la Casa Blanca, el actual presidente Michel Temer, quien ocupó la silla sin ser elegido por el voto popular, fue acusado de corrupto con suficientes pruebas, pero los tribunales en vez de juzgarlo lo protegen, incluso los parlamentarios que acusaron a la ex presidenta Dilma, fueron destituidos por actos graves de corrupción, sin ser procesados, como ahora hacen con Lula Da Silva.

Esas lecciones dejan bien esclarecido que cuando el pueblo logra tomar el poder, no puede temblarle la mano para sancionar a los que, pagados por el imperialismo yanqui, ejecutan actos contra la ley.

Contra Estados Unidos solo vencen los que resisten como hace Cuba, a pesar del desgaste que conlleva la guerra económica y financiera sostenida hace más de medio siglo, porque si al imperialismo se le da un mínimo espacio, las consecuencias serán lamentadas por millones de cubanos y cubanas, quienes verán retroceder todos los logros alcanzados gracias a la Revolución socialista, ya que la mafia terrorista anticubana jamás perdonará a todos aquellos que participan en la obra revolucionaria.

La izquierda tiene que mantenerse unida, para juntos enfrentar las cruzadas mediáticas y las sanciones, como hace actualmente el gobierno popular de Maduro, porque la victoria está precisamente en la integración de la lucha contra ese enemigo que no respeta derecho alguno, cuando tratan de conservar el poder.

José Martí, que vivió en el monstro y le conoció bien sus entrañas, afirmó:

“Es la hora del recuento y de la marcha unida, y hemos de andar en cuadro apretado, como la plata en las raíces de los Andes.”

Anuncios