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POR GERALINA COLOTTI

 En el Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, hay un desenfrenado guerrista de nombre John Bolton. A guiar la CIA, está una torturadora exhibicionista que se llama Gina Haspel: ambos a pagamento de Donald Trump, el magnate xenófobo electo a la presidencia de los Estados Unidos. Todos sinceramente preocupados por la presunta catástrofe humanitaria que habría en Venezuela. Todos prometen intervenir.   Acaso pueden ignorar el grito de ayuda de sus protegidos, consonantes en el perfil y en los intereses!

Los ladridos de los varios Borges, Machado, Ledezma, muy bien plantados en los megáfonos que cuentan, estan ensordeciendo desde hace meses los oidos de medio mundo, debidamente transmitidos por los medios de guerra. Piden una intervención armada contra el propio país: una intervención “humanitaria”, obviamente porque, como todos los traidores, deben disfrazar sus verdaderos intereses: los mismos que han llevado a la destrucción de Irak, de Libia, de Siria. No lo olvidemos.

En esta fase de transición y de rencores, en los dos meses que faltan a las elecciones presidenciales del 20 de mayo en Venezuela, tratamos de no poner el cerebro en reposo. Este es un momento determinante para el futuro del socialismo bolivariano, entonces para Cuba, y para todo el continente latinoamericano. Trump aprobó 20 millones de dólares en fondos para subversión en Cuba, como parte del presupuesto estadounidense para la que resta del año fiscal 2018 (hasta octubre).

También Europa esta en el juego. También nosotros jugamos el partido. No es el momento de las distinciones y de las tomas de distancia. Al contrario, miremos a los programas, a las prospectivas y a los intereses de las diversas fuerza en juego. Encaremos al enemigo.

Si alguien viene a tu casa, te roba al billetera y la tarjeta de crédito y te amarra, y luego jura que quiere ofrecerte “ayuda humanitaria” porque has fracasado económicamente y porque “Maduro no es Chávez”, como mínimo se está burlando de tu inteligencia. Seguramente tiene objetivos diversos de aquellos que manifiesta. Como haces a pagar los gastos si te ha robado la tarjeta de crédito?.

Pero luego: si Trump, Santos y sus compinches fueran pacíficos filántropos, los primeros a quienes harían el bien serían a sus propios ciudadanos que lo necesitan. En cambio, se “preocupan” de Venezuela, un país colmado de recursos: ahorcándolo con las sanciones y con la guerra económica. Si el gobierno Maduro fuera un gobierno “dictatorial” haría ajustar la cintura a los sectores populares, como sucede con Trump y en Europa. En cambio, aumenta salarios y pensiones, en cambio, trata de salir del ángulo inventando siempre nuevas soluciones: como aquella del Petro, la criptomoneda ideada para escapar al sicariado de los fondos buitres. Pero Trump ha emitido un decreto para sancionar a quien quiera servirse del Petro. Una estrategia fallida, como ha demostrado el bloqueo económico impuesto a Cuba y todavía en vigor.   No obstante, una estrategia feroz.

Para impedir que el socialismo bolivariano se consolide con la victoria de Nicolás Maduro, Trump y sus aliados se jugarán el todo por el todo: impulsando al máximo sobre todas las palancas del “caos constructivo”. Las relaciones de fuerza en el continente están a su favor. La integración latinoamericana esta en pedazos. Las posiciones de Lenin Moreno no prometen nada bueno. En mérito a Venezuela, el sucesor de Rafael Correa ya ha adoptado algunas posiciones agradables para Washington. La quintas columnas del imperialismo, mientras tanto, presionan por una “balcanización” del continente, dentro y fuera de los singulares estados. El colombiano Santos no es nuevo a estas aventuras, y la dimensión de la frontera con Venezuela se presta.

Quién se recuerda de la masacre de Sucumbíos? Para bombardear el campo base de las FARC, que se encontraba aproximadamente a 1800 metros de la frontera con Colombia, Uribe y Santos violaron la soberanía del Ecuador. Para asesinar en el sueño al destacamento de guerrilleros que estaba tratando la liberación de la diputada Ingrid Betancourt, y también algunos estudiantes que se encontraban allí para una investigación, la operación Fenix contó con la participación de la policía nacional colombiana, del ejercito y de la fuerza aérea. Fue utilizada la base militar norteamericana de Manta.

La masacre provocó en ese entonces una crísis diplomática entre Colombia y Ecuador y llevó a la expulsión de todas las bases militares estadounidenses del país ecuadoriano. Pero se estaba en marzo de hace diez años: en plena “segunda independencia” latinoamericana. Hoy el golpista Temer esta rematando las aguas del Brasil a las multinacionales. Las tropas estadounidenses ya han efectuado maniobras conjuntas en la Amazonía: con el pretexto de las “catástrofes naturales”. Se sabe que el ejército estadounidense, se sabe que la CIA de Gina Haspel, son verdaderos ángeles del “humanitario”. Son los mismos que, en los tiempos de Allende, han cancelado la “primavera chilena”. Cooptando, en primer lugar, a las fuerzas armadas.

Con Venezuela, tratan de repetir el esquema. Sólo que a dirigir las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivariana no esta un nuevo Pinochet, sino el general marxista Wladimir Padrino Lopez, que rechaza los apelos al golpe a puño cerrado. Sólo que a defender el socialismo bolivariano, está la milicia, están los colectivos, los obreros y los estudiantes listos a resistir. Están los pueblos de América Latina que han tomado gusto por una democracia participada y protagonica, no de fachada. Estan los pueblos de los cinco continentes que gritan Todos Somos Venezuela.

En las jornadas de solidaridad internacional en Caracas, había 50 representantes provenientes de los Estados Unidos. También estábamos nosotros. Entonce, hagámonos escuchar.