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Médicos graduados para formar parte del Ejército de Batas Blancas, en cientos de países del Mundo, Foto: Rafael Fernández Rosell/ ACN.

De Cambio, por Javier Larraín

El miércoles 16, altos representantes del Gobierno cubano expusieron en Ginebra, Suiza, el Informe Nacional de la República de Cuba al Examen Periódico Universal (EPU) del Consejo de Derechos Humanos (CDH); en otras palabras, pasaron revista, ante las Naciones Unidas, de la situación de los derechos humanos en la isla. Ésta fue la tercera vez que se someten a tal ejercicio, luego de una primera edición en 2009 y otra posterior en 2013.

Como estaba ordenado por los organizadores del evento, las autoridades caribeñas presentaron, ante casi medio centenar de países miembros del Grupo de Trabajo del CDH, un documento de 74 páginas (descargable en el sitio web del periódico local Granma) orientado, fundamentalmente, a exhibir los avances en cuanto a la protección y promoción de los derechos civiles y políticos, como también los derechos económicos, sociales y culturales de su población. Además incluyó un valioso capítulo referido a la cooperación de Cuba con la ONU en estas materias.

En efecto, pese a las provocaciones de la delegación de EEUU y ONG asistentes como FreedomHouse (prolongación de la CIA), que cuestionaron la calidad de dicho informe con la intención de llevar a Cuba al patíbulo por —según ellos— “comprobadas violaciones a los derechos humanos”, la cita arrojó cuatro resultados evidentes, que paso a numerar.

Primero, el documento en cuestión, encargado de plasmar los avances desde el EPU anterior, fue elaborado por un grupo nacional de trabajo, compuesto por funcionarios de variados ministerios, con la participación de un sinnúmero de organizaciones de la sociedad civil. De hecho, fue complementado por informes preliminares y parciales de otras instituciones de la propia ONU, como la Unesco, que en marzo pasado, en boca de su directora regional para América Latina, María Cristina Perceval, calificó a Cuba como “campeona a nivel mundial en la promoción y protección de los niños”, entre otros logros por ser la primera nación en eliminar la transmisión materno-infantil del VIH/sida.

Segundo, la República de Cuba tuvo un comportamiento ejemplar en materia de derechos humanos, suscribiendo 44 de los 61 acuerdos internacionales en la materia (EEUU sólo suscribió 18), de ahí que el presente informe recoja los avances de 272 de las 292 recomendaciones que recibió en el EPU de 2013, es decir que en el último quinquenio haya valorado, abrazado y actuado sobre el 91% de las sugerencias emanadas del organismo multilateral.

Tercero, cifras altamente confortables en cuanto al derecho a la vida, quedando de manifiesto la “tolerancia cero” a la trata y tráfico de personas, la inexistencia de prácticas de torturas o ejecuciones extrajudiciales, entre otras. De igual modo se mostraron los avances en cuanto a derechos civiles, destacando las políticas de sanción a cualquier tipo de discriminación racial o de género.

Mención especial cobra el acápite en cuanto a la libertad de expresión, opinión y reunión, donde una rápida revisión de la Ley Electoral y los resultados de los últimos comicios no dejan espacio para equívocos acerca de la integración plena en la isla. El actual Parlamento quedó compuesto por una mayoría de mujeres (53%), un sustancial número de diputados negros y mestizos (41%), una octava parte de sus miembros de entre 18 y 35 años, así como un 65% de los curules con un primer mandato. Todo esto en un ejercicio democrático en el que participaron el 86% de los electores, con un 94% de boletas válidamente emitidas, según destacó el propio canciller Bruno Rodríguez en Ginebra.

Cuarto, la valiosa colaboración de las autoridades del Estado que, junto con compartir cifras transparentes e irrefutables acerca de los derechos humanos en el país, dieron pasos sustantivos en el fortalecimiento de su democracia interna. Muestra de ello es la amplia participación popular, publicada en el informe, en el debate de las reformas estructurales en curso, plasmadas en los documentos “Modelo Económico y Social Cubano de Desarrollo Socialista” y “Bases para el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social hasta 2030”, cuyos más de un millón y medio de participantes realizaron poco más de 200 mil propuestas, todas consideradas.

De esta forma, tal como pronunció en su discurso el canciller Rodríguez, los resultados publicados por la Revolución cubana en el EPU 2018 refrendan el espíritu humanista de un proyecto socialista y democrático concebido “por los humildes, con los humildes y para los humildes”.