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La OTAN fue fundada en 1949 y es un símbolo del militarismo injerencista de Estados Unidos y sus principales aliados europeos. Foto: OTAN

Colombia será el primer país latinoamericano que ingresa a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como «socio global».

La nación sudamericana ya tiene una fuerte presencia militar de Estados Unidos, supuestamente con el objetivo de combatir el narcotráfico. Pero su incorporación a la OTAN, símbolo del militarismo injerencista de Washington y sus aliados europeos, supone un paso aún más controvertido.

La decisión del presidente Juan Manuel Santos saltó las alarmas en América Latina, una región con vocación pacífica que en el último siglo solo ha sido atacada por fuerzas militares de Estados Unidos y Gran Bretaña, ambos miembros de la alianza trasatlántica.

La coalición militar tiene sus orígenes en 1949, durante el enfrentamiento contra la Unión Soviética en el calor de la Guerra Fría. Tras la desintegración del bloque socialista a comienzos de los años 90 del siglo pasado, el bloque incumplió su promesa de extenderse hacia el Este y en la actualidad es la principal amenaza militar contra Rusia, al tiempo que conduce acciones militares fuera de su área geográfica.

Colombia mostró por primera vez su interés de ingresar en el 2006, durante el gobierno del militarista Álvaro Uribe, pero fue rechazada por no cumplir con los criterios geográficos. Sin embargo, en junio del 2013, Santos firmó un acuerdo de intercambio de información y seguridad, que fue ampliado a finales del 2016.

El anuncio de la semana pasada incluye a la nación andina en la lista de ocho países que ya eran socios globales de la OTAN: Afganistán, Australia, Irak, Japón, Corea del Sur, Mongolia, Nueva Zelanda y Pakistán.

UN GUIÑO A WASHINGTON

La decisión de Santos manda un claro mensaje del interés de Bogotá por mantener la alianza con Washington y actuar como su punta de lanza en la región.

En la actualidad, Estados Unidos puede disponer de una decena de bases militares colombianas, desde las cuales puede amenazar a países vecinos que no son de su agrado y dominar los abundantes recursos naturales de la región.

La cercanía con Washington viene acompañada de presupuestos multimillonarios que se convirtieron en una forma de vida para el sector militar colombiano. No menos de 9 000 millones de dólares han fluido a las arcas de la Fuerza Pública desde la firma del llamado Plan Colombia en 1999, según cifras oficiales.
Sin embargo, los datos demuestran el fracaso del plan, supuestamente destinado a combatir el narcotráfico, y sus graves consecuencias sociales.
En ocho años del gobierno de Uribe y en plena ejecución de la asesoría estadounidense, entre el 2002 y el 2010, más de tres millones de colombianos se vieron obligados a desplazarse de sus territorios, una cifra que equivale a la mitad de los 6,2 millones que se registran en el país desde 1985, según el periódico El Tiempo.
Cuando se inició el Plan Colombia se estimaban en 163 289 las  hectáreas cultivadas con coca. El año pasado, el propio Gobierno de Estados Unidos cifró en unas 150 000 las hectáreas que siguen dedicadas a los estupefacientes en la nación andina, muy lejos de la reducción del 50 % que se proponía.
Asimismo, el saldo de la ocupación militar norteamericana incluye denuncias de abusos y violaciones a 54 niñas menores de edad por parte de soldados estadounidenses en las inmediaciones de las bases militares en Melgar y Girardot.

COMPLACER A LOS SECTORES
MILITARISTAS
El fin del conflicto armado conlleva la reducción del número de unidades militares y los presupuestos dedicados a combatir a las guerrillas, fondos que se podrían emplear en los planes de desarrollo.
Pero el escenario de una Colombia en paz, tras la firma de históricos acuerdos con las principales guerrillas del país, puede ser la peor pesadilla para quienes lucran con el negocio de la guerra desde hace más de medio siglo.
La firma de un acuerdo con la OTAN buscaría también calmar los ánimos entre algunos sectores militares que sienten que salen perdiendo con la paz y que cuentan con gran influencia sobre la vida política del país, que está en pleno proceso electoral para escoger al sucesor de Santos.
El sector de defensa colombiano, según datos del GESI (Grupo de Estudios en Seguridad Internacional), asesora la reestructuración de las policías de Honduras, Guatemala, República Dominicana y Panamá, y Santos podría estar buscando con sus últimas movidas capitalizar aún más la exportación de servicios militares.
Un aspecto polémico es el papel que jugará dentro de la alianza trasatlántica y si se involucrará en acciones bélicas más allá de sus fronteras.
«Este programa busca trabajar para la construcción de la integridad con las fuerzas militares», dijo Santos el lunes pasado tratando de aclarar el alcance de su decisión. «No vamos a participar en operaciones militares de la OTAN», añadió.
Sin embargo, el año pasado, el comandante del Ejército de Colombia, el general Alberto José Mejía, reveló al diario local El Colombiano que su país se preparaba para involucrarse en el entrenamiento de tropas en Afganistán, algo que finalmente no sucedió.
Los socios globales «desarrollan cooperación con la OTAN en áreas de interés mutuo, incluidos los desafíos de seguridad emergentes, y algunos contribuyen activamente a las operaciones de la OTAN, ya sea militarmente o de alguna otra manera», indica la organización en su página web.

DARLE LA ESPALDA A AMÉRICA LATINA
Santos, en el final de su segundo
mandato, pretende dejar entre su legado el ingreso de Colombia a lo que él llama «líderes de buenas prácticas» a nivel internacional.
Esa definición incluye a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), el club de los países más desarrollados que aceptó la semana pasada la membresía colombiana tras un proceso de siete años.
«Ser parte de la OCDE y de la OTAN mejora la imagen de Colombia y nos permite tener mucho más juego en el escenario internacional», dijo el Presidente.
Sin embargo, sus acciones constituyen un portazo en la cara de América Latina y sus más cercanos vecinos, en especial Venezuela, que sufre constantes ataques por parte de Estados Unidos y está considerada como una «amenaza extraordinaria» a la seguridad nacional de ese país.
En un comunicado emitido poco después del anuncio de Santos, Caracas denunció ante la comunidad internacional «la intención de las autoridades colombianas de prestarse para introducir en América Latina y el Caribe una alianza militar externa con capacidad nuclear, lo que a todas luces constituye una seria amenaza para la paz y la estabilidad regional».
En el 2016, Brasil, Ecuador, Nicaragua, Venezuela y Bolivia mostraron su preocupación ante el acercamiento de Colombia a la OTAN e incluso se llegó a proponer una reunión urgente de Unasur para debatir el tema.
Sin embargo, Colombia tiene compromisos diplomáticos que estaría violando con su ingreso a la OTAN. Entre otros instrumentos, es signataria de la disposición del Tratado de Tlatelolco para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe; la Declaración de La Habana de la Celac, que proclama América Latina y el Caribe como Zona de Paz; la Declaración de Sudamérica como Zona de Paz, y las Medidas de Fomento de la Confianza y Seguridad y sus Procedimientos aprobados en el marco del Consejo de Defensa Suramericano de la Unasur.
«Colombia es un país que debe estar inscrito en la órbita de las naciones que están construyendo paz y no intervenciones militares o acciones bélicas en el mundo», dijo a la prensa el senador Iván Cepeda, integrante de la comisión del Congreso que trata asuntos de política internacional y defensa nacional.
«No veo qué tiene que hacer Colombia, que está intentando consolidar su proceso de paz en este momento, en pactos o bloques militares que pueden terminar llevándonos a dinámicas de guerra internacional», concluyó.

OPERACIONES RECIENTES DE LA OTAN
1995: Operación Fuerza Deliberada, contra Bosnia y Herzegovina. El conflicto civil en esa región deja miles de muertos y cientos de miles de desplazados.
1999: En violación de la carta de la ONU, sin la aprobación del Consejo de Seguridad, se lleva a cabo la operación Fuerza Aliada, mediante la cual la aviación atacó durante 78 días los objetivos vitales de Serbia, causando graves daños materiales y humanos.
2001: Comienza la operación militar Libertad Duradera, en territorio de Afganistán. 17 años después, aún se mantienen sobre el terreno unidades militares bajo el mando de la OTAN, en una guerra que parece no tener fin.
2001-2003: A petición del Gobierno de Macedonia, la OTAN lleva a cabo tres operaciones militares (Cosecha Necesaria, Zorro Ámbar y Armonía Aliada).
2004-2011: Misión de apoyo de asesores militares de la OTAN en Irak para entrenar a fuerzas de seguridad iraquíes. Se calcula que cerca de un millón de iraquíes han muerto como consecuencia directa o indirecta de las fuerzas de ocupación.
2001: Operación militar en Libia. Como consecuencia de los bombardeos fallecieron varias decenas de civiles, se desestabilizó el país y Libia pasó de ser una de las naciones más desarrolladas de África a un Estado fallido, dominado por traficantes de armas y personas.