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A esto es a lo que le teme la OEA. Foto: Archivo

Tomado de: Granma

A finales de 1889, el gobierno estadounidense de Benjamin Harrison convocó la Primera Conferencia Panamericana, que fue el punto de partida del «panamericanismo», ya entonces expresado como el dominio económico y político de América bajo la supuesta «unidad continental». Era la actualización de la doctrina de James Monroe del 2 diciembre de 1823, en el momento en que el capitalismo norteamericano arribaba a su fase imperialista.

José Martí, testigo excepcional del surgimiento de ese monstruo imperialista, a propósito de aquella Conferencia y desde las fauces de la fiera en su condición de cónsul de Uruguay, expresaba en el periódico argentino La Nación que «jamás hubo en América, de la Independencia acá, asunto que requiera más sensatez, ni obligue a más vigilancia, ni pida examen más claro y minucioso, que el convite que los Estados Unidos potentes, repletos de productos invendibles, y determinados a extender sus dominios en América, hacen a las naciones americanas de menos poder, ligadas por el comercio libre y útil con los pueblos europeos, para ajustar una liga contra Europa, y cerrar tratos con el resto del mundo. De la tiranía de España supo salvarse la América española; y ahora, después de ver con ojos judiciales los antecedentes, causas y factores del convite, urge decir, porque es la verdad, que ha llegado para la América española la hora de declarar su segunda independencia».

Su preclara intuición, su genio político y de agudo pensador, le dio la razón. Entre 1899 y 1945, durante ocho conferencias similares, tres reuniones de consulta y varias conferencias sobre temas especiales, se fue estableciendo el avance de la penetración económica, política y militar de EE. UU. en América Latina, hasta que nace la OEA en 1948, en la Conferencia Internacional Americana de Bogotá, entre el 30 de marzo y el 2 de mayo, en medio de la cual es asesinado el líder liberal colombiano Jorge E. Gaitán, de gran arraigo popular. Aquel hecho motivó una gran insurrección conocida como el Bogotazo, brutalmente reprimida y que sirvió para manipular el curso y los resultados de la Conferencia, al promover EE. UU. la amenaza que significaban para la democracia el auge de la Unión Soviética y el comunismo, al que culpaban por las muertes de ese levantamiento.

La historia está ahí, nadie la puede cambiar, la Organización de Estados Americanos nació para convertirse en el instrumento jurídico ideal para la dominación estadounidense en el continente. Y acaba de demostrarlo el secretario de Estado Mike Pompeo, en su intervención del pasado lunes, en la 48 sesión de la Asamblea General, a la que Raúl Roa, el Canciller de la Dignidad, llamó ministerio de colonias del imperio. Con su discurso injerencista, el jefe de la diplomacia norteamericana dio las órdenes para aislar a Venezuela, indicando a la región que rompa vínculos con el Gobierno legítimo de Nicolás Maduro, como se hizo con Cuba a inicios de la década del 60 del siglo pasado, y a exigir en Nicaragua «reformas democráticas», culpando al Gobierno de Daniel Ortega de las muertes provocadas por los hechos violentos en esa nación, organizados por grupos que lo adversan.

Pompeo, al referirse a Cuba el lunes, dijo que, «como sociedades democráticas, debemos apoyar a los jóvenes de Cuba y de otras partes del hemisferio en sus esperanzas de un cambio democrático». Pero la misma Cuba que se levantó de la OEA y con ella se levantaron todos los pueblos de América, con el protagonismo de sus jóvenes, ha respondido como lo hiciera Martí en aquel 1889. «¿A qué ir de aliados, en lo mejor de la juventud, en la batalla que los Estados Unidos se preparan a librar con el resto del mundo?».

La retórica diplomática de la OEA, relativa a los postulados sobre la independencia y soberanía de las naciones y los derechos del hombre y de los pueblos, entre los cuales asentó el principio de no intervención de ningún Estado en los asuntos internos de otros, es letra muerta frente a un abultado expediente verdaderamente sangriento. Estados Unidos necesita a la OEA viva para influir y dividir a la región y frenar la consagración de su único, inevitable y verdadero destino histórico: la integración martiana y bolivariana de sus pueblos.

SÍNTESIS DE LA HOJA DE RUTA DE LA OEA

– En 1954 Guatemala fue invadida por tropas mercenarias organizadas por la CIA, que derrocaron al Gobierno de Jacobo Arbenz. La OEA aprobó antes una resolución con la variante de intervención colectiva regional, en franca violación de su Carta y la de la ONU.

– La OEA no redactó ni una oración ante la agresión a Cuba por Playa Girón en 1961.

– Abril de 1965: desembarcaron marines yankis en Santo Domingo para impedir la victoria del movimiento popular constitucionalista sobre la reacción militarista. Fue la primera intervención colectiva en un país del área, bajo el sello de la OEA.

– Calló ante la muerte de Salvador Allende, ante el asesinato y desaparición forzosa de decenas de miles de sudamericanos durante la tenebrosa Operación Cóndor.

– No promovió la paz en Centroamérica durante los 80, en un conflicto que cobró cerca de 100 000 vidas.

– No respaldó las investigaciones para esclarecer la sospechosa muerte del general Torrijos en Panamá.

– Marzo de 1982 trajo la intervención británica que inició la Guerra de las Malvinas, primera agresión de una potencia extra continental a un país del Sistema Interamericano, lo que, según el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca-TIAR (otro engendro de dominación, amparado en un supuesto criterio de solidaridad en el continente esgrimido por Washington), debía convocar la solidaridad continental con el agredido. ¿Y… ? Estados Unidos apoyó política y militarmente a Gran Bretaña e impusieron sanciones económicas contra Argentina.

– Octubre de 1983: un golpe militar derrocó al primer ministro granadino Maurice Bishop, quien murió asesinado. A Granada también EE. UU. envió una fuerza invasora de 1 900 infantes de marina. El principio de no intervención volvía a carecer de validez.

– La OEA ni se inmutó por la invasión a Panamá, en 1989.

– La Carta Democrática Interamericana en 1992 llevó a nivel de tratado la imposición del unipolarismo a la región, es decir, la OEA no cambió su cara, tanto que frente al golpe militar en Haití, que depuso en febrero del 2004 al presidente Jean Bertrand Arístides, exhibió el mismo grado de incapacidad y putrefacción.

– La OEA fue garante del golpe de Estado en Venezuela, en abril del 2002, que pretendió sacar del poder al Comandante Hugo Chávez.

– Contempló el golpe de Estado al Gobierno de Manuel Zelaya, en Honduras, en el 2009.

– En el 2010 se hizo también de la vista gorda en el intento de otro golpe, en Ecuador, durante la gestión de Rafael Correa.

– La OEA y su secretario general, Luis Almagro, auspician hoy las políticas de Estados Unidos contra Venezuela y Cuba.