Etiquetas

, , , ,

images

Desde el día en que Fidel lo conoció en casa de María Antonia, allá por tierras mexicanas, un hijo, que venía de lejos, comenzaría a gestarse con bravura en el vientre adoptivo de esta Isla.

Era entonces un joven inquieto que había llegado al mundo desde el cono sur de Nuestra América, hace justamente hoy 90 años, sin imaginar que volvería a nacer, por el mismo sur y el mismo continente, en otros años, otros mundos, otros países.

Zarpar en un yate hacia una geografía por descubrir, desafiar el peligro de lo ignoto, vivir en campaña la fatiga de la Sierra Maestra y el Escambray, dirigir con el ejemplo y la disciplina del buen soldado, emprender el complejo cometido de transformar siglos de opresión en dignidad para el ser humano y oportunidades para todos, ponerle pensamiento a la economía socialista, asumir la austeridad y la modestia como principios de vida, partir sin reparos hacia otras latitudes cuando la ruta, que apenas se iniciaba, ya estaba trazada…

¿Cuántos alumbramientos a la vez, más allá de aquel junio de hace nueve décadas en que abriera los ojos el niño Ernestico en suelo argentino? ¿Cuánta procreación por Cuba y por el equilibrio de todo el planeta? ¿Cuántos partos de legítimas ofrendas por el bien del hombre nuevo?

Como tantas otras entregas, a nuestro Comandante en Jefe le debemos su presencia en este punto «acaimanado» de la esfera terráquea y el hecho de convertírnoslo en combatiente, político, estratega, amigo, hermano…, y hacérnoslo parte de un pueblo en gratitud para que obrara en la constelación de todos nuestros símbolos, sin que se tratara de molinos ni quijotes, como dijera el poeta-trovador. Con el Che seguimos entonces este camino largo, largo largo… por donde él también va.