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Por: Marilys Suárez Moreno

Que las  cubanas y los cubanos somos sumamente amorosos y expresivos en nuestros sentimientos, creo que no se pone en duda. Basta vernos saludar a alguien en la calle, que aun sin apenas conocerlo, lo besamos y abrazamos con toda la efusividad de que hacemos gala, aunque después nos preguntemos. ¿De dónde lo conozco?

Por eso, un día como el de los enamorados, nos compulsa e impulsa a salir en busca del regalo adecuado a la pareja, extendido a una cena íntima, una salida a la Discoteca o a un paseo por el Malecón. Cualquier cosa, menos quedarse en casa ese día tan especial en el que se disparan las ventas y las flores hablan su mejor lenguaje.

Cuando buscamos un símbolo del amor solemos pensar en un niño armado con arco y flecha. Esa imagen corresponde al dios del amor en la mitología romana. Sus flechas representan el deseo y las emociones amorosas.

Lo cierto es que una de las celebraciones más populares del calendario es la del Día de los Enamorados o de San Valentín, erigido por la Iglesia como patrón de los enamorados. Se dice que para acabar con una festividad pagana de fertilidad en honor  al dios Lupecus.

El día indicado por la festividad fue el 14 de febrero, fecha en la que millones de personas en el mundo demuestran el amor y  la amistad que sentimos por nuestros seres. Leyendas y tradiciones intentan explicar este día tan especial, en la que San Valentín se erige como el patrón del amor por excelencia.

Flechados por Cupido, ignorados amantes surgen por doquier, “atrapados” por ese sentimiento que creemos hallado solo por nosotros, por la pareja elegida mas allá de géneros, edades, credos, razas e ideología. Por eso esta fecha tiene tanta connotación en Cuba, donde entre besos, abrazos y felicitaciones, damos rienda suelta a nuestro sentir amoroso.

Del amor se “alimenta” el travieso Cupido, presto a condenar a enamorarse a cualquier mortal con sus flechas. “El amor no puede crecer sin pasión”, le dijo el oráculo de Temis cuando Venus, la madre de Cupido fue a verlo para saber por qué el niño no crecía como era de desear.

Pero a pesar de no saber si el tal Valentín era un santo o un sacerdote y de las tantas leyendas tejidas en torno a Cupido, lo más importante para nosotros es la fecha del amor. Esa que nos pone a soñar despiertos y nos hace felices por estar enamorados, por tener buenos amigos y amigas y por gozar de una hermosa familia, lo que equivale a ir de la mano de Cupido y San Valentín.