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La Plaza abraza a la familia. Foto: Ismael Batista Ramírez

La Plaza abraza a la familia.
Foto: Ismael Batista Ramírez

 

En un contexto en el que la actual administración estadounidense ha declarado públicamente su propósito de destruir cualquier alternativa de desarrollo diferente al capitalismo salvaje, que intente gestarse en la región, no cabe otro camino para los trabajadores cubanos que impulsar la economía en beneficio de toda la sociedad y fortalecer la capacidad defensiva de la nación.

Corren tiempos adversos, caracterizados por el recrudecimiento de las agresiones, amenazas y mentiras por parte del imperialismo yanqui y sus lacayos, quienes pretenden hoy, con renovada saña, cumplir su viejo sueño de derrotar a la Revolución y volver a convertir a Cuba en un apéndice de su imperio.

En un contexto en el que la actual administración estadounidense ha declarado públicamente su propósito de destruir cualquier alternativa de desarrollo diferente al capitalismo salvaje, que intente gestarse en la región –para lo cual ha arreciado la persecución financiera y el bloqueo comercial contra Cuba, incluyendo la activación del Título III de la Ley Helms-Burton en nombre de la Doctrina Monroe–, no cabe otro camino para los trabajadores cubanos que impulsar la economía en beneficio de toda la sociedad y fortalecer la capacidad defensiva de la nación.

Para lograr esos propósitos, en el frente económico resulta una tarea impostergable desterrar la ineficiencia administrativa, la mentalidad importadora, la falta de ahorro y los insuficientes ingresos por exportaciones; además de enfrentar con resolución las manifestaciones de corrupción y las ilegalidades que tanto daño provocan a la economía y a la moral de las personas.

La actual coyuntura exige, asimismo, priorizar el desarrollo de seis sectores que resultan estratégicos por su impacto en la economía, en los cuales deberán centrarse los esfuerzos y recursos, sin desatender el resto.

Ellos son: el turismo, la industria biotecnológica y farmacéutica, el electroenergético relacionado con las fuentes renovables de energía, la producción de alimentos, la exportación de servicios profesionales y la construcción.

De igual manera urge fortalecer la empresa estatal socialista, por ser esta nuestra mayor fuerza productiva, sobre la base de la eficiencia; además de combatir las trabas burocráticas, facilitar la informatización y la investigación científica afincadas en las demandas y necesidades del pueblo y la nación, y potenciar el rol de las universidades en la economía y la producción.

Otra tarea impostergable es facilitar el encadenamiento productivo con toda la producción nacional posible, y la sustitución de importaciones, produciendo en Cuba todo lo que sea viable; además de potenciar el ahorro y el control de los recursos, fundamentalmente los energéticos, para que su uso aporte mayores rendimientos.

En estas circunstancias, también resulta imprescindible atender y aprovechar los valiosos recursos humanos y la fuerza de trabajo calificada con que contamos.

Otro de los requerimientos para este y los próximos años es fomentar los proyectos de desarrollo local, porque en ellos está la solución a muchos de los problemas presentes en los municipios y las comunidades, los cuales deben ser atendidos con mayor urgencia, además de ordenar y fortalecer las formas de gestión no estatales, conscientes de que ellas forman parte de nuestra economía.

Ninguna de esas tareas podrá cumplirse si no se consolida el sentido de pertenencia al centro laboral, el orgullo de ser parte de él, el compromiso personal con sus resultados y la vergüenza colectiva cuando las cosas no marchen como debe ser, lo cual también se convierte en una labor de suma importancia.

Respecto a la defensa, no debe olvidarse la advertencia del Comandante en Jefe en su Informe Central al Primer Congreso del Partido: «Mientras exista el imperialismo, el Partido, el Estado y el pueblo, les prestarán a los servicios de la defensa la máxima atención. La guardia revolucionaria no se descuidará jamás. La historia enseña con demasiada elocuencia que los que olvidan este principio no sobreviven al error».

En tal sentido, los trabajadores, bajo la guía del Partido, continuarán haciendo cuanto sea necesario para preservar la invulnerabilidad militar alcanzada por el país, mediante la aplicación consecuente de la concepción estratégica de la Guerra de Todo el Pueblo.