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Para Laura

La primera vez que me pareció que me estaba poniendo ¨viejo¨ fue teniendo 30 años recién cumplidos. Hablaba con una muchacha que estrenaba sus 23 y en algún momento de la muela intelectual el tema giró sobre las escenas de alguna película sobre la Cuba de los 90 y ahí ella preguntó con toda naturalidad: ¨ ¿Y de donde salieron tantas bicicletas? ¨… Me sentí como si viera venir a Caperucita con una bolsa de Cuidado con el perro en vez de con una cesta.

La diferencia de edades entre personas nacidas en la década del 80 y otras en los 90 es de unos pocos años, pero lo ocurrido en el tiempo en que cada uno de esos grupos vino a tomar conciencia de la realidad durante su infancia, adolescencia e incluso adultez –o sea, la diferencia entre los años 80 y los 90, y luego los 2000 en Cuba- hace que esa distancia numérica pierda su sentido matemático y tenga una multiplicación mil veces abstracta.

Aquella conversación con la pregunta de las bicicletas me hizo darme cuenta de golpe, de que comenzaba a tener a mi alrededor amigos y compañeros de trabajo para los cuales, lo que para mí era una imagen que no necesitaba ninguna explicación, para ellos era un enigma. Conozco, y me encuentro yo mismo entre ellos, a los que han formado parejas entre esos grupos.

Supongo que lo mismo ocurría con personas que se relacionaron en los 70, con una diferencia en su vivencia entre la Cuba pre-revolucionaria de los 50 y la Cuba post-Crisis de Octubre de los 60.

Esa sensible diferencia existe no solo entre alguien que haya tenido conciencia en el tránsito entre lo que fueron los 80 cubanos, -evocado por una parte de la población como de una prosperidad material, que en retrospectiva, con sus teléfonos de disco y televisores de blanco y negro sin mando, ahora nos parece más una época de tranquilidad espiritual- y los que asumieron el mundo con los oscuros primeros 90. También en diferencias mucho más pequeñas en el tiempo pero que nos parecen abismales, como la que va entre el uso del dólar como moneda corriente y su cambio por el CUC o entre la Casa del Oro y la Plata a la multiplicación de shoppings y TRDs.  Dentro de ciclos mucho más largos, durante los 2000 ocurrieron cambios que moldearon la sociedad cubana de forma al mismo tiempo profunda y sutil. La totalidad de los estudiantes que se sienta hoy en un aula universitaria necesitará una explicación sobre el Permiso de Salida para poder viajar, o cómo era que estando prohibido vender celulares a los cubanos había tantos que los tenían. ¿Cómo hacía la gente?… Se preguntaría una población joven que con toda normalidad escuchan ahora hablar de la venta de una casa o de una feria de reservas de hoteles todo incluido y que interactúan con negocios privados sin nada más, y de sobra suficiente, que la inquietud económica para llegar a ellos.

La sensación de ¨antes y después¨ se nos ha hecho a los cubanos cada vez más corta. Antes y después del Paquete, antes y después de la nada a los parques wifi, y de los parques wifi a la 3G y las app nacionales. Cosas que hasta hace muy poco nos parecían tan de ciencia ficción como aquellas máquinas contestadoras y teléfonos de teclas de las películas del sábado en los 80.

A pocos días de haber sido anunciada por el Presidente la situación de escasez de diésel y su llamado a la conciencia y solidaridad para atravesarla, un joven autor y compañero del mundo de los blogs y la escritura para Internet me confesaba que su ¨generación¨ no conoce la botella. Tiene razón. La boterización terminó monetizando el acto simple y natural de ayudar a alguien a trasladarse simplemente por poder hacerlo, hasta llevarlo a una costumbre molesta y casi extinguida. Algunos incluso ven esa extinción como un síntoma de prosperidad y, su reaparición, como de retroceso.

Mi reacción, al primer día después de anunciada la actual situación, fue escribirle por chat desde mi centro de trabajo, en el que se vivía una mezcla de conmoción y choteo, a alguien que nació en 1995: ¨Una parte de la población vive bajo el trauma de haber vivido el Período Especial¨…. Luego de los puntos suspensivos danzantes me llegó su inesperada respuesta: ¨Otros tenemos el trauma de no haberlo vivido¨

Una maquinaria de medios políticos en las redes sociales, rabiosamente enemigos de cualquier cosa que huela a lo que ha sido la Revolución Cubana y a todo lo que la represente hoy, tiene como objetivo insistente convencernos de que cualquier momento es el peor momento. Que nunca antes ha habido un momento peor que el presente, excepto el momento que vendrá después. Y así se intenta crear el pánico.  Lo hicieron cuando faltó el pollo, el aceite, cuando faltó antes el petróleo, cuando por no querer trabajar los boteros hacían creer que se iba a detener el mundo. Y hubo pollo y aceite, y no hubo apagones, y aparecieron las Gacelas, y el sol salió al otro día.

Paradójicamente, una buena parte de los que se dejan manipular con tanta facilidad, no son los que por su edad no vivieron lo que se pretende pregonar que se vivirá de nuevo, sino los que, por su mayor edad, lo conocieron de sobra.

Les será siempre imposible pensar como País, ni siquiera como una parte consciente de este, a quien no ha tenido conciencia histórica de lo que ha vivido y lo que representa ese momento dentro de un tiempo mucho más largo y significativo. ¨Tener sentido del momento histórico…¨ Esa es la herramienta imprescindible para distinguir períodos y coyunturas.

Por Javier Gómez Sánchez