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Donald Trump contra el mundo
Donald Trump no tuvo desempeño activo en el segmento del debate que por iniciativa de la Secretaría General de la ONU pretendió concretar planes más efectivos en la lucha contra el cambio climático. (EFE)

Nestor Nuñez

Cual neta y probada acémila política, el jefe de la Casa Blanca  retornó hace apenas horas al podio de la Organización de Naciones Unidas para reincidir en los desmedidos e inefectivos presupuestos que, con respecto a los Estados Unidos y su rol global, caracterizan a su controvertida administración.

Sin dudas, el nuevo espectáculo retórico del señor Trump fue una copia casi al calco de sus anteriores intervenciones en el mismo escenario, como aquella donde amenazó a Corea del Norte con “quemarla de un extremo a otro” si continuaba el desarrollo de su entonces recién estrenado arsenal nuclear.

No obstante, para muchos analistas, el desechar la razón e insistir ante el planeta en la manipulación más abyecta, a los insultos destemplados contra figuras políticas de otras naciones, y a sus consignas chovinistas, inmovilistas, totalitarias y prepotentes, más que evidencia de la “fuerza del imperio”, indican el creciente grado de frustración que le embarga.

En primera instancia, y como era de esperar, Donald Trump no tuvo desempeño activo en el segmento del debate que por iniciativa de la Secretaría General de la ONU pretendió concretar planes más efectivos en la lucha contra el cambio climático.

En ese sentido, el presidente de los norteamericanos apenas asomó en la sala y luego, en su habitual letanía de mensajes digitales, se burló de la intervención en el foro de la adolescente sueca Greta Thunberg, quien a nombre de la nuevas generaciones recriminó a  “la clase política y económica” por su indiferencia medioambiental y por “hablar solo de “dinero, cuentos de hadas y crecimiento económico eterno”, mientras el planeta se degradada a ojos vista.

Ya en el podio de la Asamblea General, Trump recurrió a su arsenal gestual, mentiras etiquetadas y frases altisonantes y pretendidamente intimidatorias, para suscribir que “el futuro no pertenece a los multilateralistas, sino a los patriotas”, en alusión a su vieja consigna de “los Estados Unidos primero”.

En consonancia, descargó sobre los presentes la lista de “saboteadores, agresores, transgresores e insoportables” que en el Mundo se oponen a tales ese criterios, desde una China “comercialmente manipuladora, violadora de las leyes, tramposa y ladina”, hasta una América Latina donde “gobiernos dictatoriales” como los de Venezuela, Cuba o Nicaragua, recibirán siempre la hostilidad multiplicada de la primera potencia capitalista.

Ello sin olvidar a la “satánica” República Islámica de Irán, y a cuantos en cualquier parte no asuman con mansedumbre y resignación los dictados de la Casa Blanca.

Resultó tan absurdo e incoherente en su  comparecencia que, como destacan varias agencias de prensa, llegó a proyectar ahora la imagen de unos Estados Unidos “abiertos a todos los perseguidos religiosos” del mundo, cuando apenas cuatro años atrás utilizó en su campaña electoral el slogan de “expulsar a todos los musulmanes radicados en el país” y, por añadidura, encabeza la administración norteamericana más anti inmigrante de los últimos decenios.

Los calificativos a la presencia de Trump en la ONU no tardaron en aparecer, y por cierto, en su mayoritaria no son nada halagadores: bruto, mentiroso, manipulador, prepotente, irracional, carente de ética, se suman a la lista, pero sin dudas, el de “lobo de dientes mellados” resulta de los más precisos y enjundiosos.

Porque para quienes lo suscriben, la diatriba trumpista de hace unas horas indica con especial claridad que, objetivamente, el Washington oficial vive horas políticas de desasosiego ante el notorio deterioro de su “efectividad aplastante”  de otros tiempos.

Baste acudir a la “lista de reos” enunciada por Trump para percatarse de que, por ejemplo, China no cede ni admite los chantajes económicos gringos y responde a cada embate con la mismas dosis del agresor; Rusia continúa su marcha hacia su reorganización como una indudable potencia de primer orden apegada al unilateralismo internacional; Corea del Norte es hoy un Estado nuclear con el que hay que sentarse a hablar; Irán no da espacio a provocaciones ni amenazas, y en América Latina, Venezuela, Cuba y Nicaragua resisten a píe firme, mientras los movimientos populares vuelven a la carga política por estos días a pesar de las retorcidas y obsecuentes “parodias” de Donald Trump que transitoriamente han hecho gobiernos en la zona.