Una doctrina momificada

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(Publicado en Granma)

Quizá no sospechaba el presidente norteamericano James Monroe que la doctrina ideada por su secretario de Estado y a él atribuida, sería conservada por sus predecesores como una reliquia egipcia. Seguro tampoco pensó que su cadavérico pensamiento sería desenterrado una y otra vez para regir las relaciones con los países subdesarrollados al sur del río Bravo.

Donald Trump no podía decepcionar a los señores del capital, quienes en realidad dirigen la nación norteña, y desempolvó desde su campaña electoral el lema «América (estadounidense) primero», expresión egoísta y avasalladora de quienes no distinguen la diversidad de criterio y aspiraciones en el orbe.

A la doctrina Monroe la momificaron como un antaño faraón para utilizarla de parapeto histórico y darles a conocer a los ciudadanos de Estados Unidos que los primeros dignatarios creyeron que era voluntad divina su expansión geopolítica y económica. Burda mentira que solo creen los cegados por las transnacionales mediáticas y sus ricos amos.

Más de 200 años después de que saliera a la luz la idea de colonizar toda la América surgen nuevas pretensiones injerencistas, las cuales no solo contemplan la intervención militar y el apoderamiento de los recursos naturales, también persiguen eliminar toda concepción comunista y de los movimientos progresistas.

La Doctrina Monroe, diseñada en 1823, es enajenante y pretende aislar a todo un continente de su propia realidad. Incentiva, además, la xenofobia como práctica cotidiana de los estadounidenses para así mirar por encima del hombro a los descendientes de los mayas, aztecas, incas y otros pueblos originarios, hipnotizados por el «sueño americano», por el cual incluso arriesgan sus vidas.

Es ingenuo quien crea en la perfección del modo de vida en ese país. ¿Son ellos acaso americanos de otro mundo? Eso quisieran quienes se sienten una raza superior en una nación revuelta y brutal, donde como en la ficción se crean falsos superhéroes dispuestos a conquistar la paz, solo y cuando su seudónimo sea petróleo, oro, gas u otro recurso que genere lucro. Se engañan, en realidad son tan disparatados como su pensamiento retrógrado.

Con esa falacia les han robado el gentilicio a los nacidos en esta masa continental, porque equivocadamente a nivel internacional  se reconoce como americanos solo a los radicados al norte. La Revolución Cubana y los movimientos integracionistas han demostrado al imperio que América no es de su propiedad. Muy lejos estamos de creer que esta región debe ser el patio trasero de los yanquis. ¡Míster Trump, deje a Monroe descansar en su nicho!

Aunque seamos pocos, los árboles sabremos ponernos en fila para que no pase el gigante de las siete leguas. Nos mostraremos en toda nuestra altura y combatiremos plan contra plan.